“Quien cava una fosa caerá en ella; y quien rompe un cerco, una serpiente le morderá.”
Las trampas que tendemos a otros nos atrapan a nosotros.
A veces, la vida nos presenta palabras que suenan severas, casi como una advertencia de tormenta inminente. Esta frase del Rey Salomón nos habla de la ley de la siembra y la cosecha, recordándonos que nuestras acciones, especialmente aquellas cargadas de mala intención, suelen regresar a nosotros de formas inesperadas. No se trata solo de un castigo, sino de un recordatorio sobre la energía que decidimos liberar al mundo. Cuando intentamos cavar un hoyo para alguien más, olvidamos que nuestras propias manos son las que están trabajando en ese terreno, y que al final, el suelo que manipulamos puede ceder bajo nuestros propios pies.
En el día a día, esto no siempre se manifiesta con grandes dramas, sino en las pequeñas grietas de nuestra convivencia. Podemos verlo cuando alguien intenta sabotear el proyecto de un compañero de trabajo o cuando esparce un rumor para dañar la reputación de un amigo. Creemos que estamos ganando terreno o protegiendo nuestro espacio, pero en realidad estamos rompiendo los límites de la confianza y la armonía. Al romper ese 'seto' de respeto que nos une a los demás, nos exponemos a las picaduras de la desconfianza y el aislamiento, creando un entorno donde ya no nos sentimos seguros.
Recuerdo una vez que, en mi pequeño rincón de reflexión, vi cómo una situación de envidia afectaba a alguien muy cercano. Esa persona dedicó semanas a planear cómo resaltar los errores de otro para quedar ella en mejor posición. Al principio, parecía que su plan funcionaba, pero con el tiempo, el ambiente se volvió tan tóxico que ella misma terminó siendo excluida de las reuniones más importantes. El hoyo que había cavado para su colega terminó siendo el lugar donde ella se sentía sola y sin apoyo. Fue un momento muy triste de observar, porque me recordó que la integridad es la única red de seguridad que realmente nos protege.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a mirar tus propias acciones con mucha ternura y honestidad. No se trata de vivir con miedo, sino de cultivar con cuidado lo que sembramos. Si sientes que has estado intentando construir algo sobre el error ajeno, hoy es un día perfecto para detenerte, reparar ese seto roto y empezar a plantar semillas de bondad. Te animo a que hoy, antes de dormir, reflexiones sobre qué tipo de huellas estás dejando en el camino de los demás; asegúrate de que sean huellas que te den la bienvenida cuando decidas volver por ellas.
