A veces, nos aferramos a nuestras certezas como si fueran mantas pesadas en una noche de invierno. Creemos que tener todas las respuestas es lo que nos da seguridad, pero la verdad es que las respuestas cerradas pueden convertirse en prisiones invisibles. Esta frase de Gerry Spence nos invita a cambiar la seguridad de lo conocido por la magia de lo inesperado. Abrir la mente al asombro no significa perder el rumbo, sino permitir que el mundo nos siga sorprendiendo con sus infinitos matices, recordándonos que siempre hay algo nuevo que aprender si nos atrevemos a mirar con ojos curiosos.
En nuestra vida cotidiana, es muy fácil caer en la rutina de lo que ya creemos que es verdad. Decimos cosas como esto no puede cambiar o así son las cosas y, sin darnos cuenta, estamos cerrando las ventanas de nuestro entendimiento. Vivimos en piloto automático, juzgando cada situación antes de haberla experimentado realmente. Ese cierre por creencia nos protege del error, pero también nos roba la capacidad de sentir esa chispa de emoción que surge cuando descubrimos algo que desafía nuestra lógica y expande nuestro horizonte.
Recuerdo una vez que estaba pasando por un momento de mucha rigidez mental. Yo estaba convencida de que un proyecto importante iba a fracasar porque seguía un patrón que ya había vivido antes. Mi mente estaba cerrada, blindada por mis experiencias pasadas. Sin embargo, un pequeño detalle, un encuentro inesperado con una persona que veía el problema desde un ángulo totalmente distinto, me obligó a dudar. Ese pequeño destello de asombro me hizo cuestionar mis propios prejuicios y, al abrirme a la posibilidad de un resultado diferente, encontré una solución que nunca habría visto si me hubiera quedado encerrada en mi propia creencia.
Como tu amiga BibiDuck, siempre te animaré a que busques ese asombro en las pequeñas cosas. No tengas miedo de que tus ideas cambien o de que lo que hoy crees cierto sea cuestionado por una nueva maravilla. La verdadera sabiduría no reside en saberlo todo, sino en mantener la capacidad de asombrarse ante lo desconocido.
Hoy te invito a que hagas una pausa y observes algo que antes te parecía ordinario. Puede ser el color de un atardecer, la textura de una hoja o el sonido de la lluvia. Intenta mirar ese detalle como si fuera la primera vez que lo ves, sin prejuicios, permitiendo que el asombro abra una pequeña rendija en tu mente para que entre la luz de lo nuevo.
