“Podemos luchar con lo que está mal en nosotros o amar lo que está bien, y amar lo que está bien es la esencia de sanar”
Kornfield nos redirige de lo que está mal hacia lo que está bien como esencia de sanar
A veces, pasamos gran parte de nuestra vida enfocados en las grietas de nuestra alma. Miramos nuestras inseguridades, nuestros errores pasados y esas partes de nosotros que nos hacen sentir incompletos, como si estuviéramos tratando de reparar un jarrón roto usando solo críticas y reproches. La hermosa frase de Jack Kornfield nos recuerda que existe otro camino. Nos invita a dejar de luchar contra lo que consideramos defectos y empezar a abrazar aquello que ya brilla en nosotros. La verdadera sanación no nace de la guerra contra nuestra propia sombra, sino del amor profundo hacia nuestra luz.
En el día a día, esto se traduce en cómo nos hablamos frente al espejo o cómo reaccionamos cuando cometemos un error en el trabajo. Es muy fácil caer en el hábito de decirnos que no somos lo suficientemente inteligentes, rápidos o valientes. Nos obsesionamos con lo que nos falta, olvidando que la base de nuestra identidad está construida sobre nuestras capacidades y nuestra bondad. Cuando nos enfocamos solo en lo que está mal, nos quedamos estancados en un ciclo de autocrítica que solo genera más dolor y nos aleja de nuestra propia paz.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy abrumada por mis propios errores, sintiendo que no era la escritora que quería ser. Pasaba horas analizando cada palabra imperfecta, ignorando la alegría que sentía al poder compartir mis pensamientos con ustedes. Fue solo cuando decidí dejar de pelear con mis dudas y empezar a valorar mi capacidad de sentir empatía y de conectar con otros, que el peso en mi pecho empezó a desaparecer. Empecé a celebrar mis pequeñas victorias y, de repente, esa sensación de insuficiencia se transformó en una suave gratitud por mi propio proceso.
Sanar es un acto de reconocimiento. Es mirar nuestras cicatrices y, en lugar de sentir vergüenza, agradecer la fuerza que nos permitió sobrevivir a ellas. Es reconocer nuestra capacidad de amar, nuestra resiliencia y nuestra curiosidad. Al cultivar el amor por lo que sí funciona en nosotros, creamos un terreno fértil donde la transformación puede ocurrir de manera natural y sin violencia.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa. En lugar de buscar qué arreglar en ti, intenta buscar qué celebrar. Haz una lista mental de tres cosas que te gusten de tu forma de ser, por pequeñas que parezcan. Permítete habitar tu propia luz, porque ahí es donde realmente comienza tu camino hacia la plenitud.
