“Permanece en un estado de total apertura; todas las cosas son intrínsecamente libres, no hay necesidad de atarse a medidas externas.”
La libertad ya está en nuestra naturaleza; no necesitamos buscarla fuera.
A veces, la vida se siente como si lleváramos una mochila llena de piedras, cada una representando una expectativa, un juicio o una regla que alguien más nos impuso. La hermosa enseñanza de Longchenpa nos invita a soltar esa carga y simplemente permitirnos ser. Estar en un estado de apertura total significa dejar de luchar contra la corriente y empezar a confiar en que nuestra esencia ya es libre por naturaleza. No necesitamos permisos externos para validar nuestro valor o nuestra paz interna.
En nuestro día a poco, solemos medir nuestro éxito por cuántas tareas completamos o por cuántos cumplidos recibimos de los demás. Nos encerramos en cajas de lo que es correcto o incorrecto según las normas sociales, olvidando que la verdadera libertad nace de la apertura mental y emocional. Cuando nos cerramos para protegernos del juicio, también nos cerramos a las maravillas que la vida tiene para ofrecernos. La libertad no es hacer lo que uno quiera sin límites, sino vivir sin las cadenas de la comparación constante.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada por mis propias expectativas. Estaba tratando de que todo en mi pequeño rincón de lectura fuera perfecto, siguiendo una lista de tareas que yo misma me había impuesto. Me sentía atrapada en mis propias medidas de productividad. De repente, dejé el libro, cerré los ojos y simplemente respiré, permitiendo que el sonido de la lluvia fuera lo único importante. En ese momento de apertura, sin intentar controlar nada, sentí una ligereza que no experimentaba hace días. Me di cuenta de que la libertad estaba ahí, esperando a que yo dejara de intentar medirla.
Te invito hoy a que busques un pequeño momento de apertura. No necesitas resolver todos tus problemas ni cambiar tu vida entera de un salto. Solo intenta, por un instante, dejar de juzgar tus pensamientos y simplemente observa cómo fluyen. ¿Qué pasaría si hoy decidieras no medir tu valor por tus logros, sino por tu capacidad de estar presente y abierto al mundo? Permítete ser, sin condiciones.
