“Perdemos el tiempo buscando al amante perfecto, en vez de crear el amor perfecto.”
El amor no se trata de encontrar a la persona perfecta. Se trata de crear una relación que saque lo mejor de ambos.
A veces pasamos la vida entera con la mirada puesta en el horizonte, esperando que aparezca alguien que encaje perfectamente en el rompecabezas de nuestras expectativas. Nos convertimos en críticos implacables, buscando una lista de requisitos que parece no tener fin, como si el amor fuera un objeto que se encuentra perdido en una tienda. Pero la frase de Tom Robbins nos invita a cambiar el enfoque de la búsqueda hacia la creación. Nos recuerda que el amor verdadero no es algo que simplemente sucede por azar, sino algo que se construye con paciencia, cuidado y mucha dedicación diaria.
En nuestra rutina diaria, es muy fácil caer en la trampa de la comparación. Vemos parejas en redes sociales que parecen perfectas y pensamos que nos falta esa pieza mágica para ser felices. Sin embargo, la perfección no existe en las personas, pero sí puede existir en la forma en que decidimos tratarnos y tratar a los demás. La verdadera magia ocurre cuando dejamos de evaluar al otro por sus carencias y empezamos a trabajar en la ternura, en la escucha activa y en los pequeños gestos que nutren el vínculo.
Recuerdo una vez que una amiga me contaba lo frustrada que estaba porque su pareja no era tan detallista como ella soñaba. Pasaba sus días señalando lo que faltaba, en lugar de notar la lealtad y el apoyo constante que él le brindaba. Un día, decidió cambiar la queja por la acción; empezó a crear momentos de conexión, a expresar su afecto y a construir un ambiente de seguridad. De pronto, el amor que ella tanto buscaba afuera, empezó a florecer desde adentro de su propia relación.
Como pequeño patito que solo quiere ver a todos felices, me gusta pensar que nosotros también tenemos ese poder creativo. No necesitamos esperar a que el universo nos entregue un milagro; nosotros podemos ser los arquitectos de nuestra propia felicidad afectiva. La próxima vez que sientas que algo falta, pregúntate qué pequeño gesto podrías hacer hoy para cultivar la belleza en tu presente.
Te animo a que hoy, en lugar de buscar la perfección, intentes sembrar una semilla de bondad en tu relación actual o incluso contigo mismo. El amor más hermoso es aquel que se cultiva con las manos, día tras día, con todo nuestro corazón.
