“Para vivir una vida creativa, debemos perder el miedo a equivocarnos.”
Equivocarse es parte esencial del camino creativo.
A veces, nos quedamos paralizados frente a una hoja en blanco, ya sea un cuaderno de dibujo, un proyecto en el trabajo o incluso una nueva idea para nuestra vida personal. Esa pequeña voz en nuestra cabeza nos susurra que si no lo hacemos perfecto, habremos fracasado. La frase de Joseph Chilton Pearce nos recuerda que la creatividad no nace de la perfección, sino de la libertad de equivocarnos. Para permitir que la magia fluya, primero debemos soltar ese miedo tan pesado de no ser lo suficientemente buenos o de cometer errores que otros puedan notar.
En el día a día, este miedo se disfraza de muchas formas. Es esa duda que nos impide probar una receta nueva, o el silencio que nos impide proponer una idea en una reunión. Vivimos intentando mantener una imagen impecable, pero en ese esfuerzo por no errar, terminamos apagando nuestra chispa más brillante. La verdadera creatividad requiere un espacio donde el error no sea visto como un enemigo, sino como un pelín de pintura necesario para completar el cuadro de nuestra existencia.
Recuerdo una vez que intenté aprender a tejer. Estaba tan obsesionada con que cada punto fuera idéntico al tutorial que me frustré y terminé guardando las agujas en un cajón por meses. No me permitía fallar, y como no podía ser perfecta, decidí no intentarlo. Fue solo cuando acepté que mis primeras bufandas tendrían nudos extraños y formas irregulares que empecé a disfrutar del proceso. Al perder el miedo a que mi tejido fuera imperfecto, encontré la alegría de crear algo con mis propias manos.
Como pequeño patito que siempre intenta explorar nuevas charcas, yo misma he aprendido que las salpicaduras son parte de la diversión. No podemos disfrutar del baile si estamos demasiado preocupados por pisar mal el ritmo. La vida es un lienzo lleno de manchas accidentales que, vistas desde lejos, forman parte de una obra maestra única.
Hoy te invito a que busques algo que siempre hayas querido intentar pero que hayas postergado por miedo al juicio. No busques el resultado perfecto, busca simplemente el placer de empezar. Permítete ser un principiante, permítete fallar y, sobre todo, permítete descubrir quién eres cuando dejas de intentar ser perfecta.
