Predecir el futuro es la mayor de las ilusiones.
A veces, cuando estamos cansados o abrumados por la rutina, decimos sin pensar que vamos a matar el tiempo. Es una frase que usamos para describir esos momentos de ocio, de mirar el techo o de perdernos en el scroll infinito de nuestras redes sociales. Pero la frase de Dion Boucicault nos invita a una reflexión mucho más profunda y un poco melancólica. Nos recuerda que el tiempo no es algo que podamos derrotar o eliminar; al contrario, es un río constante que avanza con una fuerza silenciosa, y mientras nosotros creemos estar deteniéndolo, él nos va transformando y consumiendo con cada segundo que pasa.
En el día a día, esto se traduce en esas pequeñas decisiones que parecen insignificantes. Podemos pasar horas esperando que algo emocionante suceda, pensando que el tiempo es un recurso infinito que siempre estará ahí para cuando decidamos actuar. Sin embargo, la verdadera tragedia no es que el tiempo se acabe, sino que nos damos cuenta de que lo hemos dejado pasar sin haber habitado realmente nuestros momentos. La vida no ocurre en el futuro que planeamos, sino en el presente que a menudo intentamos ignorar para evitar el aburrimiento o el esfuerzo.
Recuerdo una vez que me sentía muy estancada, como si estuviera en una pausa eterna. Pasaba mis tardes simplemente dejando que las horas se esfumaran frente a la televisión, convencida de que estaba descansando. Pero un día, al mirar hacia atrás, me di cuenta de que no había descansado, solo había desaparecido. No había creado nada, ni sentido una conexión real con nada. Fue un susto necesario que me recordó que cada minuto que paso intentando no hacer nada, es un minuto que la vida me resta sin haber dejado huella.
Por eso, hoy quiero invitarte a que dejes de intentar matar el tiempo y empieces a vivirlo. No se trata de estar ocupados todo el día de forma frenética, sino de estar presentes. Busca aquello que te haga sentir vivo, algo que te haga sentir que el tiempo no está pasando de largo, sino que tú estás caminando junto a él. La próxima vez que sientas que el tiempo te sobra, pregúntate qué semilla podrías plantar hoy para que ese tiempo valga la pena.
