“No tienes que ser grande para empezar, pero tienes que empezar para ser grande.”
El primer paso es más importante que el tamaño de tu sueño.
A veces, nos perdemos en la rutina de lo que vemos con nuestros ojos. Miramos el reloj, la lista de tareas pendientes y el tráfico de la mañana, pero nos olvidamos de mirar hacia adentro. Esta hermosa frase de Helen Keller nos recuerda que la verdadera ceguera no es la falta de luz física, sino la falta de un propósito, de un sueño que nos impulse a seguir adelante. Tener ojos es un regalo, pero tener visión es un acto de valentía que nos permite ver posibilidades donde otros solo ven obstáculos.
En el día a día, es muy fácil caer en el modo automático. Podemos pasar años trabajando en algo que no nos apasiona o viviendo una vida que se siente gris, simplemente porque nos hemos acostumbrado a lo que tenemos frente a nosotros. La visión es ese destello de luz que nos dice que hay algo más allá de lo evidente, una chispa que nos invita a imaginar un futuro diferente, más brillante y lleno de significado.
Recuerdo una vez que me sentía muy perdida, como si estuviera caminando por un túnel sin salida. Estaba tan concentrada en los problemas inmediatos que no podía ver el horizonte. Fue cuando decidí detenerme y preguntarme qué era lo que realmente quería construir para mi corazón. Al empezar a visualizar mis sueños, como este pequeño espacio para compartir palabras de consuelo, el camino empezó a iluminarse. No es que los problemas desaparecieran, es que ahora tenía una dirección hacia la cual caminar.
No permitas que tus ojos se acostumbren solo a lo cotidiano. Te invito a que hoy cierres un momento los ojos físicos y abras los de tu alma. Pregúntate qué es aquello que te hace vibrar, qué visión te gustaría darle a tu vida. No importa cuán pequeña sea esa semilla de un sueño, lo importante es empezar a verla y permitir que crezca hacia la luz.
