A veces, nos perdemos en la inmensidad de los días, dejando que las horas pasen como si fueran simples hojas arrastradas por el viento. La frase de Stephen MacKenna nos invita a una reflexión profunda y algo provocadora sobre la falta de dirección. Cuando dice que no tener un propósito es una forma de traición a nuestra propia voluntad, nos está recordando que nuestra voluntad es un tesoro precioso que necesita un norte. Sin un propósito, nuestra energía se dispersa, y terminamos viviendo en piloto automático, entregando nuestro poder personal a las circunstancias externas en lugar de ser los arquitectos de nuestro propio destino.
En el día a día, esto se traduce en esa sensación de vacío que aparece al final de una semana muy ocupada pero sin logros significativos. Puedes haber corrido todo el día, atendido mil llamadas y respondido correos, pero al acostarte, sientes que no has avanzado realmente hacia nada que te importe. Es como remar en un bote en medio de la niebla; haces un esfuerzo enorme, te cansas muchísimo, pero no tienes idea de si te diriges a una orilla segura o si simplemente estás dando vueltas en círculos en la misma zona.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía así, como si estuviera flotando sin rumbo. Pasaba mis días cumpliendo tareas por compromiso, pero mi corazón no estaba en ninguna parte. Me sentía desconectada de mis propios deseos, casi como si hubiera abandonado mi propio timón. Fue cuando decidí que, aunque fuera con un pequeño paso, necesitaba elegir una dirección, que empecé a sentir esa chispa de vitalidad otra vez. No necesitaba cambiar el mundo de la noche a la mañana, solo necesitaba que mis acciones diarias tuvieran un pequeño significado para mí.
No te pido que encuentres una misión grandiosa y épica hoy mismo. A veces, el propósito puede ser tan sencillo como cuidar de un jardín, aprender una nueva habilidad o ser la persona más amable en tu oficina. Lo importante es que esa elección nazca de tu voluntad y no de la inercia. Cuando decides hacia dónde quieres ir, tu voluntad deja de ser una esclava de las circunstancias y se convierte en tu guía más fiel.
Hoy te invito a que te detengas un momento y te preguntes con mucha ternura: ¿Hacia dónde estoy dirigiendo mis pasos? No busques respuestas complicadas, solo busca la honestidad. Si sientes que estás a la deriva, no te castigues, simplemente busca un pequeño ancla, un pequeño motivo que te haga sentir que tu voluntad sigue siendo tuya.
