A veces, la vida se siente como estar parada frente a una montaña altísima cubierta de niebla. No puedes ver la cima, no puedes ver el camino serpenteante y, de repente, la magnitud de lo que tienes por delante te paraliza. Esa frase de autor anónimo, No mires demasiado lejos, solo da un paso ahora, es como un abrazo cálido que nos recuerda que no necesitamos tener el mapa completo para empezar a caminar. Significa que la claridad no llega mientras estamos sentados esperando, sino mientras nos movemos.
En nuestro día a día, solemos caer en la trampa de la sobrecarga mental. Nos preocupamos por dónde estaremos en cinco años, cómo pagaremos las cuentas del próximo semestre o si habremos logrado nuestras metas profesionales antes de cierta edad. Esa mirada hacia el horizonte lejano suele llenarnos de ansiedad en lugar de propósito. Nos perdemos la belleza de lo que está ocurriendo justo bajo nuestros pies porque nuestros ojos están perdidos en un futuro que aún no existe.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía abrumada por un proyecto enorme. Sentía que las páginas en blanco me desafiaban y que nunca sería capaz de terminar algo tan complejo. Me quedé mirando la montaña de tareas con miedo, hasta que decidí que no miraría el final del libro, sino solo la primera frase. Al concentrarme únicamente en ese pequeño movimiento, la presión empezó a disolverse. Un paso pequeño es mucho más útil que un plan perfecto que nunca llega a ejecutarse.
No importa si tu paso es pequeño, si es torpe o si apenas se nota. Lo que importa es que rompas la inercia. No necesitas resolver toda tu vida hoy, solo necesitas decidir qué pequeña acción puedes realizar en este preciso momento. Puede ser hacer una llamada, ordenar un cajón o simplemente respirar profundo y aceptar que hoy estás haciendo lo mejor que puedes.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y dejes de intentar descifrar el futuro. Pregúntate: ¿cuál es el paso más pequeño y amable que puedo dar hoy por mí? No busques la cima, busca tu siguiente pisada.
