A veces, pasamos tanto tiempo buscando culpables externos por nuestras tristezas o fracasos que olvidamos mirar hacia adentro. Esta hermosa frase de C. JoyBell C. nos recuerda una verdad que puede dar miedo pero que, al mismo tiempo, nos devuelve todo el poder de nuestra vida. Nos dice que, aunque el mundo exterior pueda presentar tormentas, la mano que tiene el poder de hundir nuestro bote o de impulsarlo hacia el horizonte es la nuestra. Es un llamado a la responsabilidad personal, pero vista desde un lugar de amor y de autonomía.
En el día a día, esto se manifiesta en esa pequeña voz en nuestra cabeza que aparece cuando cometemos un error. Esa voz que nos dice que no somos lo suficientemente buenos, que siempre nos autosaboteamos o que nos quedamos estancados en el pasado. A menudo, somos nuestros críticos más feroces, mucho más crueles de lo que jamás seríamos con un amigo o incluso con un desconocido. Nos castigamos con pensamientos que actúan como anclas, impidiéndonos avanzar hacia las versiones más brillantes de nosotros mismos.
Recuerdo una tarde en la que yo misma me sentía muy pequeña. Estaba intentando aprender algo nuevo y, tras varios intentos fallidos, empecé a decirme que simplemente no tenía el talento necesario. Me estaba hundiendo yo sola con mis propios juicios. En ese momento, me detuve y respiré profundo, recordando que la única persona que estaba construyendo esa muralla de negatividad era yo. Decidí soltar esa crítica y tratarme con la misma ternura con la que un patito cuida a su familia. Al cambiar el diálogo interno, el peso desapareció.
No se trata de ignorar nuestros errores, sino de dejar de usarlos como armas contra nosotros mismos. Se trata de decidir, conscientemente, que no vamos a ser nuestro propio obstáculo. Es un compromiso diario de ser nuestro mayor aliado, de levantarnos con amabilidad cuando tropezamos y de celebrar cada pequeño paso hacia adelante.
Hoy te invito a que te escuches con atención. ¿Hay algún pensamiento recurrente que te esté frenando? Si lo identificas, no te juzgues por tenerlo, simplemente decide que hoy no vas a dejar que esa parte de ti te hunda. Elige ser tu propio refugio y tu mayor impulso.
