En un mundo en constante cambio, la neutralidad no existe
A veces pensamos que la indiferencia es un refugio seguro, un lugar donde podemos sentarnos tranquilamente para evitar conflictos o complicaciones. Sin embargo, la frase de Howard Zinn nos recuerda una verdad un tanto inquietante pero profundamente liberadora: no puedes ser neutral en un tren en movimiento. Imagina que el mundo es ese tren que avanza a gran velocidad por una vía determinada. Si te quedas sentado en un rincón, sin opinar y sin moverte, no estás deteniendo el avance del vagón; simplemente estás dejando que la inercia del tren decida tu destino por ti.
En nuestra vida cotidiana, esto se traduce en esos pequeños momentos donde preferimos callar para no incomodar. Puede ser ante una injusticia en el trabajo, un comentario hiriente en una cena familiar o incluso ante el descuido del medio ambiente. Creemos que al no tomar partido, mantenemos nuestra paz, pero la realidad es que nuestra falta de acción es, en sí misma, una forma de apoyo al rumbo que el tren ya ha tomado. El silencio no es un vacío, es una elección que permite que la corriente siga su curso sin resistencia.
Recuerdo una vez que vi a una amiga quedarse callada mientras alguien criticaba injustamente a un compañero de clase. Ella me dijo que no quería problemas, que prefería ser neutral para mantener la armonía del grupo. Pero al final, el clima de ese grupo se volvió tóxico y la injusticia se normalizó. Al no alzar la voz, su neutralidad permitió que el tren de la negatividad siguiera avanzando sin frenos. Fue un aprendizaje duro para todos, porque aprendimos que la verdadera paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de la integridad.
Reconocer esto puede dar un poco de miedo, porque implica que nuestras manos y nuestras voces tienen poder y responsabilidad. Pero no te asustes, no significa que debas convertirte en un guerrero en cada segundo del día. Significa simplemente ser consciente de que cada decisión, incluso la de no decidir, nos está llevando hacia algún lugar. Te invito hoy a observar tu propio viaje. ¿En qué áreas de tu vida estás intentando ser un pasajero pasivo cuando tu voz podría ayudar a cambiar la dirección del vagón? Solo con ser consciente, ya has empezado a tomar el control del viaje.
