A veces, nos quedamos frente a nuestros sueños como quien observa la orilla de un océano inmenso y profundo. La frase de Rabindranath Tagore nos recuerda con mucha dulzura que la contemplación, aunque es hermosa y necesaria para la reflexión, no tiene el poder de movernos hacia el otro lado. Podemos admirar la fuerza de las olas, estudiar la dirección del viento y maravillarnos con el azul del horizonte, pero si no nos atrevemos a mojar nuestros pies y empezar a remar, el paisaje seguirá siendo el mismo mañana. El conocimiento y la observación son semillas, pero la acción es la lluvia que las hace brotar.
En nuestra vida cotidiana, esto sucede mucho más de lo que imaginamos. Nos pasa cuando compramos un libro de cocina pero nunca encendemos la estufa, o cuando planeamos un viaje detalladamente pero nunca compramos el boleto. Nos quedamos atrapados en la etapa del análisis, creyendo erróneamente que pensar mucho sobre un problema es lo mismo que estar resolviéndolo. Esa parálisis por análisis nos da una falsa sensación de progreso, pero en el fondo, nuestro corazón sabe que seguimos en la orilla, mirando cómo la vida pasa de largo.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía así, con un proyecto de escritura que me llenaba de ilusión pero me causaba un miedo enorme. Pasaba horas organizando mis notas, eligiendo la tipografía perfecta y leyendo sobre técnicas literarias, pero no escribía ni una sola palabra real. Estaba admirando el mar de mis ideas sin lanzarme al agua. Un día, comprendí que la perfección es una trampa de la orilla. Decidí que era mejor escribir algo imperfecto que no existiera, a tener un plan perfecto que se quedara solo en mi mente. Al dar ese pequeño paso, el miedo empezó a transformarse en movimiento.
No te pido que te lances a una tormenta sin preparación, pero sí te animo a que des el primer paso, por pequeño que sea. No necesitas saber exactamente cómo será el viaje completo, solo necesitas la valentía de entrar al agua. La magia no ocurre mientras observas la superficie, sino cuando te sumerges en la experiencia.
Hoy te invito a que pienses en ese proyecto, esa conversación o ese cambio que has estado mirando desde lejos. ¿Qué pequeña acción podrías realizar hoy mismo para empezar a cruzar ese mar? No te quedes solo mirando la belleza del horizonte, ¡atrévete a navegar!
