A veces, pasamos mucho tiempo mirando hacia el cielo, buscando señales, respuestas o un apoyo divino que nos rescate de nuestras dudas. La frase de Swami Vivekananda nos invita a mirar un poco más hacia adentro, recordándonos que la fe en algo superior y la confianza en nuestra propia esencia son dos caras de la misma moneda. No se trata de ignorar la espiritualidad, sino de entender que somos el templo donde esa divinidad habita. Si no somos capaces de reconocer nuestra propia chispa, nuestra fuerza y nuestro valor, nos será muy difícil percibir la mano de Dios actuando en nuestra vida.
En el día a día, esto se traduce en cómo nos hablamos a nosotros mismos cuando las cosas se ponen difíciles. Es muy fácil rezar pidiendo fortaleza, pero si al mismo tiempo nos decimos que somos incapaces, que no valemos nada o que el fracaso es nuestro único destino, estamos cerrando la puerta a esa ayuda que tanto buscamos. Creer en uno mismo es el primer paso para abrir los ojos a las bendiciones y a la guía que ya está presente en nuestro camino. Es reconocer que nuestra capacidad de amar, de resistir y de crear es, en sí misma, una manifestación de lo sagrado.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña ante un gran desafío, como si todas las fuerzas del universo estuvieran en mi contra. Me encontraba buscando consuelo en palabras externas, intentando convencer a otros de que todo estaría bien, cuando en realidad necesitaba reconciliarme con mi propia capacidad de superación. Fue cuando empecé a tratarme con la misma compasión con la que trato a mis amigos cuando empecé a notar que la esperanza regresaba. Al validar mi propio valor, la conexión con lo trascendente se sintió mucho más real y cercana.
Por eso, hoy te invito a que hagas una pequeña pausa. Antes de buscar respuestas fuera, intenta buscar un pequeño motivo para confiar en ti. Mira tus logros pasados, tus cicatrices de valentía y tu capacidad de levantarte. Como un pequeño patito que aprende a nadar confiando en sus propias alas, tú también puedes encontrar esa fe profunda. Empieza por creer que eres digno de las maravillas que el universo tiene preparadas para ti, porque esa confianza es el puente que te llevará a una conexión verdadera con lo divino.
