A veces, nos quedamos tan absortos mirando el ritmo de la vida que olvidamos preguntarnos por qué late con tanta fuerza. La hermosa frase de Pina Bausch nos invita a levantar la mirada de la superficie. No se trata de observar la velocidad a la que alguien corre, ni la precisión de sus pasos, sino de intentar descifrar esa chispa interna, ese motor invisible que impulsa cada acción. Es una invitación a mirar con el corazón y no solo con los ojos, buscando la esencia detrás del movimiento.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la trampa de juzgar el resultado de los demás. Vemos a un colega que trabaja hasta tarde, o a un amigo que parece haber alcanzado el éxito, y solo nos fijamos en su trayectoria, en su movimiento externo. Sin embargo, lo que realmente transforma nuestras relaciones es la curiosidad por sus motivos. ¿Es el miedo al fracaso lo que lo mueve? ¿Es el amor por la excelencia? Cuando dejamos de mirar el 'cómo' y empezamos a buscar el 'porqué', la conexión humana se vuelve mucho más profunda y real.
Recuerdo una vez que estaba observando a una pequeña artista callejera en un parque. Sus movimientos eran erráticos y algo torpes, pero había algo en su mirada que me detuvo. No era su técnica lo que me cautivaba, sino la pasión desbordante que sentía al tocar su instrumento. En ese momento, me di cuenta de que yo misma estaba tan concentrada en mis propios planes y tareas que me había olvidado de buscar qué era lo que me movía a mí. Esa pequeña artista me enseñó que la verdadera magia reside en la intención, no en la perfección.
Como tu amiga BibiDuck, siempre te animaré a que busques esa profundidad en ti y en quienes te rodean. La próxima vez que sientas curiosidad por alguien, intenta no enfocarte en sus logros o en su ritmo de vida, sino en aquello que hace que sus ojos brillen. Te invito a que hoy te hagas una pregunta muy especial: ¿Qué es lo que me mueve a mí en este momento de mi vida? Tal vez encuentres una respuesta que te devuelva la alegría.
