“No hay que esperar a que los tiempos cambien para cambiar nosotros mismos.”
El cambio empieza por uno mismo, sin esperar el momento perfecto.
A veces, nos encontramos caminando por pasillos invisibles, rodeados de muros que no podemos tocar pero que nos impiden avanzar. Esta frase de Aung San Suu Kyi nos recuerda que las rejas más resistentes no son de hierro, sino de duda y ansiedad. El miedo tiene una capacidad asombrosa para hacernos creer que estamos atrapados en situaciones, personas o circunstancias, cuando en realidad, lo que nos mantiene cautivos es la idea de lo que podría salir mal. La verdadera libertad no es la ausencia de problemas, sino el estado de paz que alcanzamos cuando dejamos de permitir que el temor dicte nuestras decisiones.
En nuestra vida cotidiana, este tipo de prisión se manifiesta en las pequeñas decisiones que evitamos por miedo al juicio ajeno o al fracaso. Es ese correo electrónico que no enviamos, esa conversación honesta que postergamos o ese sueño que guardamos en un cajón porque nos da pánico la incertidumbre. Vivimos limitando nuestro propio horizonte, recortando nuestras alas para no tener que enfrentar las corrientes de aire. Nos convencemos de que estamos seguros en nuestra zona de confort, pero la realidad es que nos estamos asfixiando lentamente en una celda de nuestra propia construcción.
Recuerdo una vez que yo misma, en mis momentos de mayor duda, sentía que no podía expresar mis sentimientos más profundos por miedo a no ser comprendida. Me sentía encerrada en un silencio protector, pero ese silencio me impedía conectar con los demás. Un día, decidí que el riesgo de ser vulnerable era preferible al peso de la soledad. Al romper ese pequeño muro de miedo, descubrí que el mundo no se desmoronaba, sino que se abría ante mí con una calidez inesperada. Fue un pequeño paso, pero fue el inicio de mi propia liberación.
No te pido que ignores tus miedos, porque ellos son parte de nuestra humanidad, pero te invito a que no les entregues las llaves de tu existencia. La libertad comienza en el momento en que decides que tu curiosidad y tu valentía son más grandes que tu temor. Hoy, te animo a identificar una pequeña puerta que el miedo haya cerrado en tu vida y a intentar abrirla, aunque sea solo un poquito. ¿Qué pasaría si hoy decidieras que eres libre?
