A veces nos quedamos atrapados en una sala de espera invisible, esperando que llegue el momento perfecto, que el clima sea ideal o que nos sintamos completamente listos para dar el siguiente paso. La frase de Séneca nos recuerda con una suavidad casi dolorosa que el tiempo no se detiene mientras nosotros dudamos. Postergamos nuestros sueños bajo la promesa de un mañana que, sin darnos cuenta, se convierte en un ayer que ya se nos escapó de las manos. La vida no es algo que sucede cuando finalmente nos decidimos, sino algo que está ocurriendo justo ahora, en cada segundo que dejamos pasar por miedo o indecisión.
En el día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles pero profundas. Puede ser ese proyecto creativo que guardas en un cajón porque crees que necesitas otro curso, o ese viaje que siempre planeas para el próximo año. Nos convencemos de que estamos siendo prudentes, pero en realidad estamos simplemente pausando nuestra propia existencia. La verdadera tragedia no es fallar al intentar algo nuevo, sino mirar hacia atrás y darnos cuenta de que la vida pasó de largo mientras nosotros solo observábamos desde la orilla, esperando una señal que nunca llegó.
Hace poco, me encontré pensando en una amiga que llevaba años diciendo que quería empezar un pequeño jardín en su balcón. Siempre decía que primero necesitaba comprar las macetas perfectas, luego el tipo de tierra exacto y después estudiar todas las plantas posibles. Pasaron los meses y las estaciones, y su balcón seguía igual de vacío. Un día, me di cuenta de que su deseo de perfección se había convertido en una barrera para su propia alegría. Cuando finalmente plantó una pequeña semilla, sin pretensiones, su rostro se iluminó de una manera que ninguna planificación perfecta habría logrado. Ella comprendió que la vida estaba ocurriendo en el proceso de ensuciarse las manos, no en el estudio de la teoría.
No quiero decirte que vivas sin cautela, pero sí te invito a que no permitas que la espera sea tu única ocupación. No esperes a que el miedo desaparezca por completo para empezar a caminar, porque el miedo suele quedarse sentado esperando a que tú te muevas. Como siempre digo aquí en DuckyHeals, a veces solo necesitamos un pequeño empujoncito de amor propio para entender que el momento es hoy. Hoy mismo, busca esa pequeña cosa que has estado postergando y da un paso, por pequeño que sea, hacia ella. Tu vida te está esperando.
