A veces pasamos la vida entera pidiendo permiso para ser felices, como si la alegría fuera un regalo que alguien más debe otorgarnos. La frase de Octavio Paz, Deserve your dream, nos invita a cambiar esa postura de espera por una de merecimiento. No se trata solo de alcanzar una meta, sino de reconocer que tu corazón tiene el derecho legítimo de anhelar lo extraordinario. Merecer un sueño significa abrazar la idea de que tu existencia tiene un propósito que trasciende lo cotidiano y que no eres un simple espectador de la vida, sino el protagonista que merece ver sus deseos florecer.
En el día a día, esto se traduce en pequeñas batallas contra la duda. Muchas veces nos conformamos con lo que es seguro o lo que otros consideran correcto, dejando nuestros verdaderos anhelos en un rincón oscuro por miedo a no ser suficientes. Nos decimos que nuestros sueños son demasiado grandes o que no tenemos las herramientas para lograrlos. Pero el primer paso para cualquier gran transformación es la convicción interna de que ese destino nos pertenece, que cada esfuerzo que hagamos está justificado porque nuestra esencia lo demanda.
Recuerdo una vez que me sentía muy pequeña frente a un proyecto que me entusiasmaba, pero que me aterraba empezar. Sentía que estaba intentando alcanzar algo que no era para alguien como yo. Estaba sentada en mi rincón favorito, rodeada de mis cosas, y me preguntaba si realmente era digna de ese éxito. Entonces, recordé que el sueño no es algo que se gana por sorteo, sino algo que se cultiva con la certeza de que somos dignos de él. Empecé a tratar mis ideas con el respeto que merecían, y poco a poco, ese miedo se transformó en una chispa de determinación.
Ese cambio de perspectiva lo experimenté yo misma, y es lo que hoy quiero compartir contigo. Cuando dejas de pedir permiso y empiezas a reclamar tu derecho a soñar, el mundo empieza a verse distinto. Las oportunidades no solo aparecen, sino que tú te vuelves capaz de reconocerlas y abrazarlas con fuerza.
Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y pienses en ese anhelo que guardas con tanto celo. Pregúntate con total honestidad: ¿me estoy permitiendo merecer esto? No esperes a que las circunstancias sean perfectas para empezar a creer en ti. Empieza hoy mismo a tratar tus sueños como tesoros que ya te pertenecen por derecho propio.
