“Me pregunto a cuántas personas he mirado toda mi vida sin verlas realmente porque me faltaba asombro”
El asombro nos abre los ojos para ver realmente a las personas que nos rodean.
A veces, la vida se siente como una película que vemos en piloto automático. Pasamos por las calles, entramos al supermercado y nos sentamos en el café de siempre, pero nuestras mentes están atrapadas en la lista de pendientes o en las preocupaciones del mañana. La frase de John Steinbeck nos invita a detenernos y considerar una posibilidad un poco triste pero muy reveladora: ¿cuántas almas maravillosas han pasado frente a nosotros sin que hayamos notado su luz, simplemente porque nos faltaba esa chispa de asombro en los ojos?
El asombro no es solo para los grandes paisajes o los milagros imposibles; es una forma de atención plena. Es la capacidad de mirar lo cotidiano con curiosidad, como si fuera la primera vez. Cuando perdemos la capacidad de maravillarnos, dejamos de ver a las personas como seres complejos y llenos de historias, y empezamos a verlas solo como obstáculos en nuestro camino o como parte del decorado de nuestra rutina diaria. Es como si viviéramos con un velo gris que nos impide apreciar los colores reales de quienes nos rodean.
Hace poco, mientras esperaba el autobús bajo la lluvia, me sentía muy abrumada por mis propios pensamientos. Estaba tan concentrada en mi mal humor que no me di cuenta de la señora que estaba sentada a mi lado. Tenía una sonrisa pequeña pero radiante mientras leía un libro viejo. De repente, me detuve y la observé de verdad. Vi sus manos cansadas pero cuidadosas al pasar la página y la paz que emanaba. En ese momento, me di cuenta de que si no hubiera decidido levantar la vista de mi propia tormenta, esa pequeña conexión de humanidad habría pasado desapercibida para siempre.
Como alguien que ama encontrar belleza en los pequeños detalles, siempre trato de recordar que cada persona que cruza nuestro camino es un universo entero. No permitamos que la rutina nos robe la oportunidad de conectar. Te invito hoy a que, cuando camines por la calle o esperes en una fila, intentes mirar a los demás con ojos nuevos. Busca un detalle, una sonrisa o una expresión que te invite a la curiosidad. Tal vez, al recuperar nuestro asombro, descubramos que el mundo es mucho más rico y cálido de lo que creíamos.
