A veces, nos perdemos tanto en las preocupaciones de la vida adulta que olvidamos la magia más sencilla de la existencia. Esta hermosa frase de Hayao Miyazaki nos recuerda que el propósito más noble de la creatividad no es solo entretener, sino celebrar la vida misma. Me hace pensar que todos, de alguna manera, somos directores de nuestra propia historia y tenemos la oportunidad de resaltar los colores, los sonidos y los pequeños milagros que ocurren cada día.
En el ajetreo de la rutina, es muy fácil caer en un modo de supervivencia donde solo vemos problemas por resolver o tareas pendientes. Olvidamos mirar hacia arriba para ver las nubes o sentir la calidez del sol en la cara. La idea de querer decirle a un niño que es bueno estar vivo es, en realidad, un mensaje que nosotros mismos necesitamos escuchar con frecuencia. Es una invitación a recuperar esa capacidad de asombro que todos teníamos cuando el mundo parecía un lugar infinito de posibilidades.
Hace poco, mientras caminaba por el parque, vi a una niña pequeña intentando atrapar una burbuja de jabón. Estaba tan concentrada, con los ojos brillantes y una sonrisa que iluminaba todo su rostro, que por un momento el ruido del tráfico desapareció. En ese instante, no importaba el estrés del trabajo o las facturas por pagar; solo importaba la danza de la burbuja bajo la luz del sol. Ese pequeño momento fue una pequeña película que me recordó que la vida tiene una belleza intrínita que espera ser notada.
Como tu amiga BibiDuck, quiero animarte a que hoy busques tu propia escena de alegría. No necesitas crear una película de gran presupuesto para transmitir este mensaje. Basta con que te detengas un segundo a apreciar algo hermoso, ya sea el sabor de tu café o el abrazo de un ser querido. Te invito a que hoy, al final del día, pienses en una sola cosa que te haya hecho sentir que es maravilloso estar vivo. Cultivar esa gratitud es la mejor forma de honrar nuestra propia existencia.
