A veces, cuando el ruido del mundo se vuelve demasiado fuerte, me gusta sentarme en silencio y mirar hacia arriba. La frase de Kahlil Gibran nos invita a ver más allá de lo que nuestros ojos físicos pueden percibir. Nos dice que los árboles no son solo madera y hojas, sino poemas escritos por la tierra en el lienzo del cielo. Leer estos poemas requiere una mirada de fe, una capacidad de conectar con lo invisible y con la belleza que late en lo más profundo de la naturaleza.
En nuestra vida cotidiana, solemos perdernos en la lógica y en lo que podemos tocar. Nos enfocamos en las facturas, en los horarios y en los problemas inmediatos, olvidando que somos parte de algo mucho más grande y poético. La fe de la que habla Gibran no tiene que ser necesariamente religiosa; puede ser simplemente la confianza de que hay un propósito en el crecimiento, incluso cuando no vemos los resultados de inmediato, tal como un árbol que parece estático pero está trabajando intensamente bajo la tierra.
Recuerdo una tarde especialmente gris en la que yo, tu amiga BibiDuck, me sentía un poco perdida y sin rumbo. Caminaba por el parque sintiéndome pequeña y abrumada por mis propias dudas. Me detuve frente a un viejo roble que se alzaba con tanta fuerza hacia las nubes. En ese momento, dejé de intentar entenderlo todo con la mente y simplemente intenté sentir su presencia. Al observar sus ramas entrelazadas contra el cielo, sentí que ese árbol me contaba una historia de resistencia y paciencia. Fue como si, por un instante, pudiera leer ese poema terrestre y entender que mis propias tormentas también forman parte de mi crecimiento.
Todos tenemos momentos en los que necesitamos dejar de analizar tanto y empezar a observar con el corazón. La próxima vez que salgas a caminar, te invito a que levantes la vista. No busques solo ramas y hojas, busca la poesía que se esconde en cada silueta contra el horizonte. Permítete creer en la magia de lo cotidiano y descubre qué mensajes tiene la tierra para ti hoy.
