A veces, cuando sentimos que las cosas no avanzan o que el mundo es injusto, tendemos a buscar un culpable específico, una persona o un rostro concreto a quien señalar. Sin embargo, la frase de Walter Wink nos invita a mirar más allá de la superficie. Nos recuerda que el poder no solo reside en las manos de individuos, sino que está tejido en las estructuras, los sistemas y las instituciones que moldean nuestra realidad cotidiana. Es una perspectiva profunda que nos pide entender que el cambio real no solo requiere cambiar líderes, sino transformar los cimientos mismos de cómo nos organizamos como sociedad.
Imagina por un momento que estás intentando plantar un hermoso jardín en un parque público. Te esfuerzas mucho, riegas las flores y cuidas cada brote, pero notas que el agua siempre llega escasa o que el suelo no es el adecuado. Podrías frustrarte con el jardinero de turno, pero el verdadero desafío está en el sistema de riego defectuoso o en la falta de nutrientes en la tierra. De la misma manera, en nuestra vida y en nuestra comunidad, muchas veces nos enfrentamos a muros invisibles que son leyes, normas sociales o procesos burocráticos que, aunque no tienen un 'villano' con nombre y apellido, limitan nuestro crecimiento y bienestar.
Recuerdo una vez que, en mi pequeño rincón de reflexión, intentaba organizar un pequeño evento de ayuda para otros patitos de la comunidad. Me sentía muy frustrada porque sentía que alguien me ponía trabas, pero pronto me di cuenta de que no era una persona en particular, sino un conjunto de reglas de permisos y horarios que no habían sido pensados para proyectos tan pequeños y espontáneos. Al entender que el problema era el sistema y no un individuo, pude dejar de guardar rencor y empezar a trabajar con otros para proponer cambios en esas mismas reglas. Fue un alivio enorme cambiar la queja por la comprensión estratégica.
Reconocer esto no debe ser algo desalentador, sino una invitación a la acción consciente. Si comprendemos que el poder está en las estructuras, también entendemos que tenemos la capacidad de participar en su rediseño. No se trata solo de cambiar quién está al mando, sino de cómo participamos, cómo colaboramos y cómo construimos nuevas redes de apoyo. Te invito hoy a observar tu entorno con esta mirada nueva. ¿Qué estructuras en tu vida podrías empezar a transformar poco a poco, con paciencia y amor, para crear un espacio más justo para todos?
