A veces, nos quedamos mirando la orilla de un río, deseando cruzar al otro lado, pero nos da un miedo terrible que la corriente nos arrastre. La frase de Robert Kiyosaki nos invita a reflexionar sobre ese miedo paralizante. Ganar no se trata de tener una racha de éxitos interminable, sino de tener la valentía de aceptar que el fracaso es un compañero de viaje inevitable. El verdadero peligro no es perder, sino permitir que el miedo a la derrota nos encierre en una zona de confort donde nada crece, donde las oportunidades simplemente pasan de largo sin que nos demos cuenta.
En nuestro día a día, esto se traduce en esas pequeñas decisiones que dejamos pasar. Tal vez es ese curso que no te inscribiste por miedo a no ser lo suficientemente bueno, o esa conversación difícil que evitaste por temor a no ser comprendido. Vivimos intentando proteger nuestra imagen de personas que no fallan, pero al hacerlo, estamos construyendo una jaula de seguridad. Al evitar el riesgo de perder, estamos, sin darnos cuenta, renunciando automáticamente a la posibilidad de triunfar en aquello que realmente nos apasiona.
Recuerdo una vez que yo, con mi corazón de patito, intentaba aprender algo nuevo y me sentía muy insegura. Tenía un proyecto pequeño que me hacía mucha ilusión, pero me decía a mí misma que si no salía perfecto, sería un desastre. Me quedé estancada semanas, sin mover un dedo, por miedo al juicio. Solo cuando acepté que podía equivocarme y que el error era parte del aprendizaje, pude empezar a avanzar. Al final, no fue un éxito rotundo, pero aprendí mucho más de lo que habría aprendido si me hubiera quedado quieta en mi nido.
No permitas que el miedo a la caída te impida desplegar tus alas. El fracaso es solo una lección disfrazada de tropiezo, mientras que el evitar el intento es una pérdida definitiva. Hoy te invito a que pienses en esa oportunidad que has estado postergando. ¿Qué pasaría si te permitieras fallar? Quizás el primer paso para ganar sea, simplemente, atreverte a jugar el juego de la vida con todo el corazón.
