“Lo que las mujeres aún no han aprendido es que nadie te da el poder. Simplemente lo tomas.”
El empoderamiento no se pide, se ejerce.
A veces pasamos gran parte de nuestra vida esperando una señal, una invitación o un permiso que nos diga que finalmente estamos listas para brillar. Miramos a nuestro alrededor buscando figuras de autoridad o entornos que nos validen, creyendo que el poder es algo que se nos entrega como un regalo en una caja de seda. Pero esta frase de Roseanne Barr nos sacude con una verdad muy cruda y, a la vez, profundamente liberadora: nadie va a venir a entregarte el mando de tu propia vida. El poder no es un título que te otorgan, sino una decisión que tomas cada vez que decides confiar en tu propia voz.
En el día a día, solemamos caer en la trampa de la espera. Esperamos a tener el currículum perfecto para pedir un ascenso, esperamos a sentirnos totalmente seguras para expresar una opinión en una reunión, o esperamos a que alguien reconozca nuestro talento antes de emprender ese proyecto que nos hace vibrar. Nos quedamos en la sala de espera de nuestra propia existencia, mirando la puerta con la esperanza de que alguien pase y nos diga que ahora sí es nuestro turno. Sin embargo, la verdadera magia ocurre cuando dejamos de mirar la puerta y empezamos a construir nuestro propio camino, tomando las riendas sin pedir permiso.
Recuerdo la historia de una amiga muy querida que trabajaba en una oficina donde su voz siempre era ignorada. Ella pasaba meses preparando propuestas detalladas, esperando que su jefe finalmente la escuchara y le diera la responsabilidad que merecía. Un día, algo cambió en ella. Dejó de presentar las ideas para que las aprobaran y empezó a ejecutarlas con una confianza que nadie pudo ignorar. No esperó a que le dieran el permiso para liderar un equipo; simplemente empezó a actuar como la líder que ya era por dentro. Ese día, ella no recibió un poder externo, ella lo reclamó para sí misma.
Como tu pequeña amiga BibiDuck, siempre estaré aquí para recordarte que tienes una fuerza increíble guardada en tu corazón. No necesitas que nadie te dé la corona; solo necesitas decidir que ya la llevas puesta. La próxima vez que sientas miedo o dudes de tu capacidad, no busques la aprobación de los demás. En lugar de eso, pregúntate qué pequeña acción puedes tomar hoy para reclamar un poco de ese poder que ya te pertenece por derecho propio. Empieza pequeño, pero empieza con la firme convicción de que tu voz importa.
