Aceptar lo suficientemente bueno nos libera de la tiranía del perfeccionismo.
A veces, nos perdemos en un laberinto de detalles, intentando que cada pequeña parte de nuestra vida brille con una luz impecable. La frase de Voltaire, que nos dice que lo perfecto es enemigo de lo bueno, es como un suave abrazo que nos invita a soltar esa carga tan pesada. Significa que, al perseguir una perfección inexistente, muchas veces dejamos pasar la oportunidad de disfrutar de lo que ya es hermoso, real y funcional. La perfección es una meta estática y fría, mientras que lo bueno es vivo, cálido y lleno de movimiento.
En nuestro día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles pero profundas. Puede ser ese proyecto en el trabajo que no entregamos por miedo a que no sea extraordinario, o esa receta que nunca nos atrevemos a cocinar porque no queremos que quede como la de una revista. Nos quedamos paralizados, observando cómo el tiempo pasa sin que nada florezca, simplemente porque nuestra vara de medir es demasiado alta y nos impide avanzar con confianza.
Hace poco, yo misma me sentía así con un pequeño jardín que quería empezar. Pasé semanas comprando las macetas más bonitas y estudiando la luz exacta, pero no planté ni una sola semilla por miedo a que las plantas no crecieran de forma perfecta. Un día, me di cuenta de que mi jardín era solo un montón de tierra seca y silencio. Decidí simplemente plantar algo, sin importar si la primera hoja no era simétrica. Al final, ver el brote verde y real, aunque imperfecto, me trajo una alegría que la planificación no me había dado jamás.
Todos necesitamos aprender a celebrar lo suficiente. Lo bueno nos permite avanzar, aprender de los errores y, sobre todo, vivir con menos ansiedad. No permitas que el deseo de ser impecable te robe la satisfacción de haberlo intentado. Hoy te invito a que mires algo en tu vida que hayas dejado a medias por miedo al error y te des permiso para completarlo, tal como está, con todas sus pequeñas imperfecciones. Lo que es real y está hecho, siempre será más valioso que lo que es perfecto pero nunca existió.
