A veces pasamos la vida construyendo muros, pensando que si nos protegemos de las heridas, estaremos a salvo. Pero la hermosa frase de Morrie Schwartz nos recuerda que la verdadera esencia de nuestra existencia no reside en la protección, sino en la apertura. Aprender a dar amor es un acto de valentía, pero aprender a recibirlo es un acto de humildad. Vivimos en un constante equilibrio entre extender nuestras manos hacia los demás y tener la delicadeza de abrir nuestro corazón para que lo bueno también encuentre un lugar donde quedarse.
En el día a día, esto se traduce en las pequeñas interacciones que a menudo pasamos por alto. Es ese mensaje de texto que enviamos a un amigo que no vemos hace tiempo, o la paciencia que mostramos con un desconocido en la fila del supermercado. Sin embargo, la parte más difícil suele ser la segunda: dejar que el amor entre. Muchas veces, cuando alguien nos ofrece un cumplido, un abrazo o un gesto de apoyo, nuestra respuesta automática es minimizarlo o sentir que no lo merecemos. Nos cuesta aceptar la ternura porque nos sentimos vulnerables.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis propios pensamientos. Estaba tan encerrada en mi propio mundo de preocupaciones que no me daba cuenta de que mi familia intentaba rodearme de pequeñas atenciones, como prepararme una taza de té o simplemente sentarse a mi lado en silencio. Al principio, me sentía irritable, como si ese afecto fuera una interrupción. Pero luego comprendí que, al cerrar las puertas, yo era la única que estaba sufendo la soledad. Al permitir que su cuidado entrara, mi perspectiva cambió por completo y el peso en mi pecho se alivió.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no tengas miedo de ser un canal de afecto. No te guardes las palabras bonitas ni los abrazos sinceros. Pero, por favor, prométete también no rechazar la luz cuando alguien te la ofrece. La vida se vuelve mucho más rica cuando dejamos de ser islas y nos convertimos en puentes.
Hoy te invito a hacer un pequeño ejercicio de reflexión. Piensa en alguien a quien puedas enviarle un gesto de cariño ahora mismo, y después, intenta identificar un gesto de amor que hayas recibido recientemente pero que no te permitiste disfrutar plenamente. Abre un poquito más la ventana de tu corazón.
