Tomás de Aquino nos dice que nuestros amores revelan nuestra verdadera naturaleza.
A veces nos pasamos la vida intentando definirnos con etiquetas complicadas, como nuestro trabajo, nuestros títulos o nuestras posesiones. Sin embargo, la hermosa frase de Thomas Aquinas nos invita a mirar hacia adentro de una manera mucho más dulce y honesta. Nos dice que lo que amamos es, en realidad, el espejo más fiel de nuestra esencia. No somos lo que decimos que somos, sino aquello que hace que nuestro corazón lata un poquito más rápido y que nos hace perder la noción del tiempo.
Piensa en las pequeñas cosas que te roban el aliento. Puede ser el aroma del café recién hecho por la mañana, la textura de un libro antiguo, o la risa espontánea de alguien querido. Esas preferencias no son simples caprichos; son pistas que tu alma te deja para que no te pierdas en el camino. Cuando te permites amar algo con intensidad, estás revelando una parte de tu identidad que las palabras a veces no pueden alcanzar.
Hace poco, mientras preparaba mi rincón de lectura, me quedé observando cómo me perdía en el cuidado de mis pequeñas plantas. Me di cuenta de que mi amor por la paciencia y el crecimiento silencioso de una hoja nueva decía mucho más sobre mí que cualquier currículidad. Al igual que yo, que disfruto de los detalles pequeños y cálidos, cada uno de nosotros tiene un jardín interno de intereses que nos define. Si te encuentras cuidando con esmero un pequeño detalle, quizás es porque tu esencia es la del cuidado y la ternura.
No tengas miedo de explorar tus pasiones, incluso aquellas que otros puedan considerar insignificantes. No hay amor pequeño si te ayuda a entender quién eres. A veces, la respuesta a la pregunta más difícil de la vida, ¿quién soy?, no se encuentra en un examen, sino en la lista de las cosas que nos hacen sonreír sin motivo.
Hoy te invito a que hagas una pausa y hagas una lista mental de tres cosas que ames profundamente. Al mirarlas, intenta descubrir qué rasgo de tu personalidad se esconde detrás de cada una. Deja que tus amores te guíen de vuelta a casa, hacia tu verdadero yo.
