A veces nos perdemos en la idea de que la vida debe ser un camino perfectamente trazado, una serie de triunfos consecutivos que nos lleven directo a la cima. Pero cuando Leonardo da Vinci dijo que la vida es bastante simple y que simplemente hacemos cosas, donde la mayoría falla y algunas funcionan, nos está regalando una dosis de realidad muy liberadora. Esta frase nos invita a quitarle peso a la perfección y a entender que el error no es un desvío, sino una parte intrínseca del proceso de vivir.
En nuestro día a día, solemos ser nuestros críticos más feroces. Si intentamos una receta nueva y queda incomible, o si lanzamos un proyecto en el trabajo y no recibe la atención esperada, nos sentimos derrotados. Creemos que hemos fracasado en nuestra misión de ser exitosos. Sin embargo, lo que Da Vinci nos sugiere es que el fracaso es la norma, no la excepción. Lo verdaderamente importante no es evitar el error, sino mantenernos en movimiento, siguiendo haciendo esas cosas que nos apasionan, sabiendo que entre tantos intentos fallidos, habrá alguno que florezca.
Recuerdo una vez que intenté organizar un pequeño jardín en mi patio. Planté flores, semillas y arbustos con toda la ilusión del mundo. Las primeras tres veces, todo lo que planté se marchitó sin explicación aparente. Me sentí muy frustrada, pensando que no tenía ese toque para la naturaleza. Pero en lugar de rendirme, decidí observar qué estaba fallando, cambié la tierra y el riego, y finalmente, una pequeña lavanda comenzó a prosperar. Ese pequeño éxito fue el resultado de varios intentos fallidos que me enseñaron lo que realmente necesitaba mi jardín.
Al final del día, la vida se trata de esa persistencia silenciosa. No se trata de ganar siempre, sino de tener la valentía de seguir intentándolo. Cada vez que algo no sale como esperábamos, estamos recolectando datos, aprendiendo y acercándonos un poco más a lo que sí funciona. Así que, la próxima vez que algo no salga bien, respira profundo y recuerda que solo estás en medio de tu proceso de ensayo y error.
Hoy te invito a que pienses en algo que hayas dejado de intentar por miedo al fracaso. ¿Qué pasaría si te permitieras fallar un par de veces más con tal de encontrar ese pequeño éxito que tanto deseas? No necesitas ser perfecto, solo necesitas seguir haciendo cosas.
