A veces pasamos tanto tiempo buscando respuestas complicadas que nos olvidamos de lo más importante: la capacidad de asombrarnos. Cuando Sócrates dijo que la sabiduría comienza en el asombro, nos estaba dando una brújula para encontrar la verdad en lo más simple. El asombro no es algo que solo los niños poseen; es una puerta abierta hacia el aprendizaje profundo. Es esa chispa de curiosidad que nos hace detenernos y preguntar por qué el cielo cambia de color al atardecer o cómo es que una pequeña semilla puede convertirse en un árbol gigante.
En nuestro día a día, solemos caminar con la mirada fija en el suelo o en las pantallas de nuestros teléfonos, ignorando la magia que nos rodea. Nos volvemos expertos en la rutina, pero perdemos la capacidad de ser estudiantes de la vida. La verdadera sabiduría no llega solo con acumular datos o títulos, sino cuando recuperamos esa mirada curiosa que nos permite ver lo extraordinario dentro de lo ordinario. Sin la capacidad de maravillarnos, el conocimiento se vuelve seco y sin alma.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada por mis responsabilidades. Estaba sentada en el jardín, intentando resolver mil problemas mentales, cuando de repente una pequeña mariquita aterrizó justo en mi ala. Me quedé hipnotizada observando cómo caminaba con tanta determinación sobre una hoja verde. En ese instante, mis preocupaciones no desaparecieron, pero se volvieron pequeñas. Ese pequeño momento de asombro me recordó que el mundo es vasto y lleno de misterías hermosos, y que yo también formo parte de ese gran misterio.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy mismo busques un pequeño momento de maravilla. No necesitas viajar a un lugar exótico para encontrar sabiduría; solo necesitas permitirte observar con atención. Mira una flor, escucha el sonido de la lluvia o simplemente siente la calidez del sol en tu piel. Deja que la curiosidad te guíe y permite que el asombro sea el primer paso hacia una vida mucho más profunda y conectada con todo lo que te rodea.
