💊 Sanación
La respuesta habitual ante las atrocidades es desterrarlas de la conciencia.
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Ignorar el trauma no lo hace desaparecer.

A veces, cuando el mundo se siente demasiado pesado o cuando nos enfrentamos a momentos de dolor profundo, nuestra mente intenta protegernos de la manera más instintiva posible: mirando hacia otro lado. La frase de Judith Herman nos invita a reconocer esa tendencia humana de intentar borrar de nuestra conciencia aquello que nos resulta insoportable o aterrador. Es como si intentáramos cerrar los ojos con fuerza para que la oscuridad desaparezca, sin darnos cuenta de que el dolor sigue ahí, esperando en la penumbra.

En nuestra vida cotidiana, esto sucede mucho más de lo que pensamos. No solo hablamos de grandes tragedias mundiales, sino de las pequeñas atrocidades de la vida personal, como una traición, una pérdida o un error que nos avergüenza. Nos volvemos expertos en el arte de la distracción. Nos llenamos de ruido, de trabajo excesivo o de pantallas brillantes para no tener que escuchar el silencio incómodo de aquello que nos duele. El problema es que lo que no se nombra, no se puede sanar, y lo que intentamos banir de nuestra conciencia termina convirtiéndose en una sombra que nos persigue sin descanso.

Recuerdo una vez que yo misma, en un momento de mucha tristeza, intenté convencerme de que todo estaba bien simplemente ignorando mis sentimientos. Me obligaba a sonreír y a seguir con mis tareas como si nada pasara, creyendo que si no le daba importancia, el dolor se iría por sí solo. Pero era como intentar mantener una pelota inflable bajo el agua; requería un esfuerzo agotador y, tarde o temprano, la pelota salía disparada con más fuerza. Solo cuando dejé de huir y permití que esa tristeza tuviera un lugar en mi mesa, pude empezar a procesarla y, finalmente, dejarla ir.

Sanar no significa que debamos vivir en el dolor, sino que debemos tener la valentía de reconocer su existencia. No podemos reconstruir lo que nos ha roto si nos negamos a mirar los fragmentos. Reconocer la realidad, por dolorosa que sea, es el primer paso para recuperar nuestro poder y nuestra paz. Es un acto de inmenso coraje enfrentar la verdad sin filtros.

Hoy te invito a que te preguntes con mucha ternura: ¿hay algo que estés intentando ignorar para evitar el malestar? No tienes que enfrentarlo todo de golpe, pero intenta, al menos, dejar de cerrar los ojos. Permítete reconocer tu propia verdad, con toda la compasión que mereces.

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