A veces pasamos la vida intentando acumular cosas, como si la felicidad fuera una mochila que debemos llenar con logros, posesiones o palabras perfectas. Creemos que cuanto más tengamos, más completos nos sentiremos. Pero esta hermosa frase de Antoine de Saint-Exupery nos invita a mirar en la dirección opuesta. Nos dice que la verdadera perfección no se encuentra en el exceso, sino en la esencia. Es ese momento mágico donde logramos limpiar todo el ruido innecesario para que solo quede lo que realmente importa, lo que tiene alma y propósito.
En nuestro día a día, solemos complicarnos demasiado. Intentamos que nuestras redes sociales sean perfectas, que nuestras agendas estén llenas y que nuestras relaciones sean libres de cualquier imperfección. Nos esforzamos por añadir capas y capas de expectativas sobre nosotros mismos, olvidando que muchas veces el cansancio que sentimos no viene de lo que nos falta, sino de todo lo que estamos cargando sin necesidad. La belleza de la simplicidad reside en aprender a soltar aquello que solo ocupa espacio pero no aporta luz.
Recuerdo una vez que intenté organizar una pequeña cena para mis amigos. Quería que fuera perfecta, así que compré decoraciones excesivas, preparé diez platos distintos y me pasé toda la noche en la cocina, demasiado estresada para disfrutar. Al final, la comida se enfrió y yo ni siquiera pude conversar. Solo cuando decidí quitar el exceso, simplificar el menú y dejar de lado la decoración pretenciosa, fue que la cena se volvió mágica. La esencia estaba en las risas y la compañía, no en la complejidad del banquete.
Como tu amiga BibiDuck, me gusta recordarte que no necesitas añadir más presión a tu vida para ser valiosa. A veces, el acto más valiente y hermoso que puedes hacer es empezar a restar. Menos preocupaciones, menos comparaciones y menos ruido. Te invito hoy a mirar tu rutina o incluso tus pensamientos y preguntarte: ¿qué puedo quitar de aquí para sentirme más ligera y en paz? Permítete encontrar la perfección en lo esencial.
