“La paz no es algo que desees. Es algo que creas, algo que haces, algo que eres y algo que regalas.”
La paz no se espera, se construye activamente con cada acción.
A veces, el ruido del mundo exterior parece demasiado fuerte, como una tormenta que no nos deja descansar. Leí esta frase de Thomas Merton y me quedé pensando en cómo intentamos desesperadamente arreglar todo lo que nos rodea para encontrar calma. Buscamos que los demás cambien, que el tráfico se detenga o que nuestras circunstancias mejoren, pero la verdad es que la paz no es algo que se encuentra afuera, sino algo que se cultiva en lo más profundo de nuestro ser. Si hay una guerra interna en nuestro corazón, es imposible que podamos ofrecer serenidad a quienes amamos.
Imagina por un momento que intentas calmar las aguas de un lago agitado usando solo tus manos. Por más que te esfuerces en mover la superficie, las ondas seguirán apareciendo si el fondo sigue siendo turbulento. Así es nuestra vida. Cuando guardamos rencores, culpas o una desconexión con nuestro propósito espiritual, proyectamos esa inquietud hacia los demás. Es muy difícil ser paciente con un amigo o amable con un desconocido si por dentro estamos lidiando con una tormenta de autocrítica o de vacío espiritual.
Hace poco, me sentí muy frustrada porque una pequeña discusión con un ser querido me dejó sin aliento. Me sentía irritable y distante, y lo primero que hice fue culpar a la otra persona por su actitud. Sin embargo, al sentarme en silencio, me di cuenta de que mi verdadera molestia venía de una falta de cuidado hacia mi propio espíritu. No me había tomado un momento para conectar con lo sagrado, con esa chisita de paz que todos llevamos dentro. Al reconocer que mi falta de paz con Dios y conmigo misma era la raíz, pude empezar a perdonar y a suavizar mi corazón.
La verdadera reconciliación comienza en el silencio de tu propia alma. No puedes dar lo que no posees, y si buscas paz, primero debes buscar el camino de regreso a tu centro, a ese lugar donde te sientes conectada con lo divino y con tu propia esencia. Es un proceso de sanación que requiere mucha ternura y paciación contigo misma.
Hoy te invito a que no busques soluciones afuera. Tómate un momento para respirar profundo y preguntarte qué partes de ti necesitan ser abrazadas y sanadas. ¿Qué pequeño paso puedes dar hoy para volver a estar en paz contigo misma?
