A veces, cuando escuchamos la palabra poder, nuestra mente viaja automáticamente hacia imágenes de control, dominio o incluso ego. Pensamos en alguien que está por encima de los demás, dictando las reglas. Pero la hermosa frase de Baltasar Gracian nos invita a cambiar esa lente. Él nos sugiere que la verdadera esencia del poder no reside en la capacidad de someter, sino en la oportunidad de expandir nuestra capacidad de ayudar. El poder, visto desde este ángulo, es simplemente una herramienta, como un pincel o una semilla, que solo cobra sentido cuando se usa para crear algo hermoso o nutrir la vida.
En nuestro día a día, todos poseemos algún tipo de poder, aunque a veces no nos demos cuenta. El poder de una palabra amable, el poder de nuestra influencia en un grupo de amigos, o incluso el poder de gestionar nuestro propio tiempo para dedicarlo a una causa. Cuando dejamos de ver el poder como una carga o una amenaza y empezamos a verlo como una responsabilidad hacia los demás, nuestra perspectiva sobre el éxito cambia por completo. Ya no se trata de cuánto hemos acumulado, sino de cuánto hemos podido sembrar en el corazón de quienes nos rodean.
Recuerdo una vez que conocí a una mujer en mi pequeña comunidad que tenía una posición de liderazgo muy importante. Muchos la veían con recelo, pensando que su autoridad la alejaría de la gente común. Sin embargo, lo que vi fue todo lo contrario. Ella utilizaba cada decisión, cada recurso y cada contacto que tenía para asegurar que los niños del barrio tuvieran libros nuevos y que los ancianos no estuvieran solos. Su poder no la hacía grande, la hacía útil. Ella entendió que su posición era un megáfono para las necesidades de los que no tenían voz.
Como siempre les digo en mis pequeños rincones de reflexión, cada uno de nosotros tiene un pequeño universo de influencia. No necesitas un título importante para empezar a hacer el bien. Puedes empezar con la autoridad que tienes sobre tu propia sonrisa o sobre la paciencia que le brindas a alguien que está pasando un mal momento. Ese es el poder más puro que existe.
Hoy te invito a que mires tus propias capacidades y te preguntes: ¿Cómo puedo usar lo que tengo para aliviar un poco la carga de alguien más? No busques el poder para brillar tú solo, búscalo para iluminar el camino de los demás. Verás cómo, al hacerlo, tu propia luz se vuelve mucho más intensa y cálida.
