El amor crece cuando lo compartes. No dudes en expresar tu amor a quienes te rodean.
A veces nos aferramos al amor como si fuera un tesoro precioso que debemos guardar bajo llave en un cofre fuerte. Pensamos que si lo protegemos demasiado, si no lo compartimos con nadie para que no se gaste, podremos conservarlo para siempre. Pero la verdad es mucho más mágica y, a la vez, un poco más desafiante. Como bien decía Elbert Hubbard, la única manera de retener el amor es entregarlo. El amor no es una moneda que se agota al gastarse, sino una fuente que se nutre precisamente cuando dejamos que fluya hacia los demás.
En nuestra vida cotidiana, esto se traduce en esos pequeños gestos que parecen insignificantes pero que lo cambian todo. Es ese mensaje de texto de buenos días, la escucha atenta cuando un amigo está pasando por un mal momento o el abrazo cálido que le das a alguien que lo necesita. Cuando intentamos guardar nuestro afecto solo para nosotros o para un círculo muy cerrado, nuestra capacidad de sentir amor empieza a marcharse, volviéndose algo seco y estancado. En cambio, cuando nos abrimos a dar, nuestra propia capacidad de amar se expande y se renueva constantemente.
Recuerdo una vez que me sentía muy sola y con el corazón un poco cerrado, como si tuviera miedo de que si quería demasiado a alguien, terminaría sufriendo. En lugar de retirarme, decidí intentar algo diferente: me propuse hacer un pequeño acto de bondad cada día, sin esperar nada a cambio. Empecé por regalar una flor a una vecina y por escribir notas de agradecimiento a mis amigos. Lo que sucedió fue asombroso. Al intentar llenar el corazón de otros, mi propio corazón se llenó de una luz que no había sentido en mucho tiempo. No perdí mi amor, lo encontré de nuevo en cada sonrisa que recibí.
Por eso, hoy te invito a que no tengas miedo de ser generoso con tus sentimientos. No guardes tus palabras bonitas para un momento especial, porque el momento especial es ahora. No retengas ese abrazo por timidez. Deja que tu cariño fluya hacia quienes te rodean, hacia los desconocidos y hacia ti mismo también. Verás que, al final del día, lo único que realmente posees es aquello que has sido capaz de entregar con total libertad.
