A veces, la vida se siente como una carrera interminable donde cada paso que damos debe ser hacia arriba. Nos enseñan que el éxito es una escalera y que nuestra única misión es subir, peldaño tras peldaño, sin mirar hacia los lados. Pero la frase de Thomas Merton nos invita a hacer una pausa necesaria para mirar el entorno. No se trata solo de qué tan rápido estamos subiendo, sino de hacia dónde nos dirigimos realmente. De nada sirve alcanzar la cima si, al llegar, nos damos cuenta de que el paisaje que nos rodea no es el que nuestro corazón anhelaba.
En el día a día, esto se traduce en esas metas que perseguimos por inercia o por cumplir expectativas ajenas. Podemos pasar años esforzándonos por obtener un título, un ascenso o un estatus social, creyendo que eso nos traerá la plenitud. Sin embargo, llega un momento de silencio, quizás en una tarde lluviosa o en un momento de soledad, donde nos preguntamos si este camino es realmente nuestro. Es ese instante de lucidez donde nos damos cuenta de que hemos estado escalando con mucha fuerza, pero contra una pared que no nos ofrece la vista que soñamos.
Recuerdo a una amiga que siempre hablaba de su ascenso en una gran firma de leyes. Trabajaba noches enteras, sacrificando sus fines de semana y su salud, convencida de que la cima de esa corporación era su destino. Cuando finalmente lo logró, su primera reacción no fue de alegría, sino de una profunda tristeza. Se dio cuenta de que su verdadera pasión era la jardinería y la paz de la naturaleza, algo que había dejado atrás en su ascenso. Ella no había fallado en escalar; simplemente, su escalera estaba apoyada en una pared que no contenía su verdadera esencia.
Aquí en DuckyHeals, yo, tu pequeño amigo BibiDuck, siempre trato de recordarte que está bien detenerse a observar la pared antes de empezar a subir. No tengas miedo de descerra la escalera y buscar un nuevo punto de apoyo si sientes que el camino no te pertenece. La verdadera realización no está en la altura alcanzada, sino en la coherencia entre tus pasos y tu alma. Hoy te invito a que te preguntes con mucha ternura: ¿Hacia qué pared estás dirigiendo tus esfuerzos actuales? Tal vez sea el momento de reajustar tu posición.
