A veces, cuando leemos una frase como la de Mark Twain, sentimos un pequeño vuelco en el corazón. Decir que la cordura y la felicidad son una combinación imposible suena casi como una travesura, ¿verdad? Es como si nos estuviera invitando a aceptar que, para sentir una alegría verdadera y desbordante, a veces tenemos que soltar un poco el control y dejar que el caos nos encuentre. La cordura suele estar ligada al orden, a la lógica y a mantener todo bajo una estructura perfecta, pero la felicidad rara vez sigue las reglas de la lógica.
En nuestro día a día, intentamos ser lo más sensatos posible. Planificamos cada hora, calculamos cada gasto y tratamos de evitar cualquier situación que pueda alterar nuestra paz mental. Sin embargo, si te fijas bien, los momentos que más nos han hecho vibrar de emoción suelen ser aquellos donde perdimos un poco la compostura. Es ese baile espontáneo bajo la lluvia, esa risa incontrolable que nos hace doler el estómago o ese viaje improvisado que no estaba en el itinerario. En esos instantes, nuestra parte más lógica se queda en silencio para dejar que el corazón tome el mando.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi habitual deseo de que todo fuera perfecto, intentaba organizar mi pequeño rincón de lectura siguiendo un orden estricto. Estaba tan concentrada en que cada libro estuviera en su sitio que me perdí la oportunidad de disfrutar de la luz dorada del atardecer que entraba por la ventana. Me sentía muy cuerda y muy organizada, pero me sentía terriblemente vacía. Fue solo cuando dejé de intentar controlar el entorno y me permití simplemente sentarme en el suelo, sin plan ni orden, que sentí esa chispa de alegría genuina. Me di cuenta de que la perfección es una jaula muy silenciosa.
No quiero decir que debas vivir en el caos absoluto, pero sí te invito a que no le temas a perder un poco la estructura cuando la vida te lo pida. A veces, ser un poco 'loca' es el único camino para encontrar la verdadera dicha. Te animo a que hoy busques un pequeño momento de espontaneidad, algo que no tenga sentido para tu mente lógica, pero que haga saltar tu espíritu. Deja que la alegría rompa un poco tus esquemas.
