A veces, nos quedamos atrapados en una especie de laberinto invisible, intentando que cada pequeño detalle de nuestra vida o de nuestros proyectos sea absolutamente impecable. La frase de Sheryl Sandberg, Hecho es mejor que perfecto, resuena con una fuerza especial porque nos libera de esa carga tan pesada que es la parálisis por análisis. Significa que la acción, aunque sea imperfecta, tiene un valor infinitamente mayor que una idea brillante que nunca llega a ver la luz del sol porque nos dio miedo que no fuera lo suficientemente buena.
En nuestro día a día, esta lucha se manifiesta de formas muy sutiles pero agotadoras. Puede ser ese correo electrónico que borras y reescribes diez veces, o ese nuevo hábito de ejercicio que abandonas porque no lograste seguir una rutina estricta desde el primer día. Nos ponemos la vara tan alta que terminamos por no hacer nada, olvidando que el progreso real se construye con pequeños pasos imperfectos y constantes, no con saltos heroicos hacia la perfección inexistente.
Recuerdo una vez que yo misma, en mi pequeño rincón de escritura, intentaba redactar una historia que fuera digna de un premio literario. Pasé semanas corrigiendo la primera frase, cambiando adjetivos y borrando párrafos enteros, pero no tenía más que una hoja en blanco llena de tachones. Me sentía frustrada y estancada. Fue cuando decidí simplemente permitirme escribir algo 'mal' y terminar el borrador cuando la magia ocurrió. Al terminar, tuve algo real con lo que trabajar, algo que existía en el mundo físico, en lugar de solo una idea etérea en mi cabeza.
No necesitamos ser maestros en todo desde el primer intento. La maestría es un camino que se recorre caminando, tropezando y levantándose. Cada vez que terminas algo, por pequeño que sea, estás ganando experiencia y confianza en ti mismo. La perfección es una meta móvil que siempre se aleja, mientras que lo 'hecho' es un trofeo que puedes sostener en tus manos y celebrar.
Hoy te invito a que mires esa tarea que has estado posponiendo por miedo a no hacerla bien. No busques la perfección, busca simplemente el final. Date permiso para ser principiante, para cometer errores y, sobre todo, para concluir. ¿Qué pequeña cosa podrías terminar hoy mismo si te quitaras la presión de ser perfecto?
