Rumi nos anima a confiar en lo que no podemos ver.
A veces, la vida nos presenta paisajes que parecen completamente áridos. Miramos a nuestro alrededor y solo vemos piedra, sequedad y una sensación de estancamiento que nos hace dudar de si algún cambio es posible. La hermosa frase de Rumi nos recuerda que la persistencia es la llave que abre los tesoros ocultos. Golpear la roca no es un acto de fuerza bruta, sino un acto de fe ciega en que la vida tiene reservada una frescura que aún no podemos percibir con nuestros ojos, pero que ya existe bajo la superficie.
En nuestro día a día, esto se traduce en esos proyectos que parecen no avanzar o en esas relaciones que se sienten frías y distantes. Es muy fácil rendirse cuando el primer golpe no produce el sonido de un manantial. Sin embargo, la verdadera magia ocurre cuando decidimos seguir intentándolo, confiando en que nuestra dedicación está preparando el terreno para algo hermoso. La fe en lo invisible es lo que nos permite seguir caminando cuando el horizonte parece vacío.
Recuerdo una vez que me sentía muy desanimada porque un pequeño jardín que estaba cuidando parecía no dar ninguna señal de vida. Las flores no brotaban y la tierra se sentía dura y sin esperanza. Pasé días cuestionándome si mi esfuerzo valía la pena. Pero decidí seguir regando y removiendo la tierra con paciencia, confiando en que las semillas estaban trabajando en silencio bajo el suelo. Unas semanas después, un brote verde y pequeño rompió la superficie, recordándome que la vida siempre está fluyendo, incluso cuando no la vemos.
No te pido que ignores la realidad de la roca dura, pero sí te invito a no dejar de golpear con amor y constancia. Si hoy te sientes frente a una pared de piedra, recuerda que el agua está ahí, esperando tu determinación para brotar. No pierdas la esperanza en lo que aún no se manifiesta.
Hoy te invito a que pienses en esa situación que te parece imposible. ¿Qué pequeño golpe de fe podrías dar hoy para empezar a buscar tu propio manantial?
