“Fue a través del sentimiento de asombro que los hombres, tanto ahora como al principio, comenzaron a filosofar.”
Aristóteles vincula el asombro con el nacimiento de la filosofía.
A veces, la vida se siente como una rutina interminable de tareas, horarios y preocupaciones. Nos acostumbramos tanto a lo que nos rodea que dejamos de mirar de verdad. Pero Aristóteles nos recordó algo precioso: que la filosofía, y en gran medida nuestra capacidad de encontrar sentido a la existencia, nace del asombro. El asombro es esa chispa de curiosidad que nos hace detenernos frente a un atardecer o preguntarnos cómo es posible que las estrellas brillen con tanta constancia. Es la capacidad de mirar lo cotidiano con ojos de niño, permitiéndonos sentir la magia que se esconde en lo simple.
En nuestro día a día, es muy fácil perder esa capacidad de maravillarnos. Nos enfocamos tanto en llegar a la meta que olvidamos disfrutar el paisaje. El asombro no requiere de grandes descubrimientos científicos, sino de una disposición del corazón para dejarse sorprender. Cuando perdemos el asombro, la vida se vuelve gris y mecánica, perdiendo ese color que nos hace sentir vivos y conectados con el universo que nos habita.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi corazón de patito un poco cansado por la rutina, estaba limpiando mi pequeño rincón de lectura. De repente, una pequeña gota de lluvia golpeó el cristal y, al observar cómo se deslizaba lentamente, trazando caminos impredecibles, me quedé hipnotizada. Por un momento, el peso de mis pendientes desapareció. Me pregunté sobre la fuerza de la gravedad, sobre el ciclo del agua y sobre la belleza de lo efímero. Ese pequeño instante de asombro me devolvió la paz y me recordó que el mundo sigue siendo un lugar lleno de misterios esperando ser descubiertos.
Como BibiDuck, siempre trato de recordarte que no necesitas grandes viajes para encontrar la sabiduría; solo necesitas una mirada atenta. El asombro es la puerta de entrada a una vida más profunda y reflexiva. No permitas que la costumbre te robe la capacidad de sorprenderte por lo pequeño, por lo inesperado o por lo hermoso.
Hoy te invito a que hagas una pausa. Mira a tu alrededor y busca algo, por mínimo que sea, que te cause curiosidad o admiración. Puede ser el aroma de tu café, la textura de una hoja o el sonido del viento. Permítete sentir ese asombro y deja que sea el motor que alimente tu pensamiento y tu alma.
