“Existe una sustancia pensante de la cual todas las cosas están hechas y que impregna y llena todo el universo.”
La sustancia creativa abundante del universo responde a nuestro pensamiento consciente.
A veces, cuando miro hacia el cielo estrellado o simplemente observo cómo la luz del sol atraviesa las hojas de un árbol, me quedo sin palabras. Esta frase de Wallace Wattles me susurra algo profundo: que no estamos separados del mundo, sino que somos parte de una misma esencia vibrante. Me gusta pensar que existe una sustancia invisible, una especie de tejido de pensamiento y energía, que nos conecta a todos y a todo lo que existe. Es como si el universo entero fuera un gran océano de posibilidades, donde cada idea y cada emoción son ondas que viajan a través de una misma materia primordial.
En nuestra vida cotidiana, solemos sentirnos muy solos o desconectados, como si estuviéramos atrapados en pequeñas burbujas de preocupación. Nos enfocamos tanto en lo que nos falta que olvidamos que estamos inmersos en una fuente de abundancia infinita. Es muy fácil perderse en la sensación de escasez, pero si nos detenemos a respirar, podemos empezar a notar que esa misma energía que mueve las galaxias es la que late en nuestro propio corazón. Todo lo que deseamos y todo lo que somos está hecho de la misma sustancia sagrada.
Recuerdo una tarde muy gris en la que me sentía particularmente abrumada por mis propios pensamientos negativos. Todo parecía pesado y oscuro. Estaba sentada en mi rincón favorito, intentando encontrar un poco de paz, cuando vi una pequeña flor creciendo entre las grietas de un pavimento seco. En ese momento, comprendí que la fuerza que permitía a esa flor florecer en un lugar tan difícil era la misma fuerza que me sostenía a mí. No era solo biología; era esa presencia universal que llena cada rincón del cosmos, recordándome que la vida siempre encuentra su camino a través de la esencia que nos une.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy intentes cambiar tu perspectiva. En lugar de ver el mundo como un lugar de objetos separados, intenta verlo como un tapiz tejido con hilos de pura posibilidad. Cuando te sientas pequeño o insignificante, recuerda que eres una parte esencial de ese tejido universal. La abundancia no es algo que tienes que buscar afuera, sino algo en lo que ya estás sumergido.
Hoy, te animo a que cierres los ojos por un momento y simplemente sientas esa conexión. Trata de identificar un pensamiento positivo o un sentimiento de gratitud y visualiza cómo esa pequeña chispa se expande, llenando todo tu espacio. ¿Qué pasaría si empezaras a tratar tus pensamientos como semillas de esa sustancia universal que lo crea todo?
