A veces, la vida nos hace sentir tan pequeños, como si fuéramos una simple hoja arrastrada por el viento en medio de una tormenta. La frase de Yogi Bhajan nos recuerda algo fundamental que solemos olvidar entre tantas dudas: poseemos una fuerza inmensa, pero esa fuerza solo puede manifestarse cuando somos capaces de reconocerla y aceptarla. No se trata de tener un poder externo sobre los demás, sino de descubrir la capacidad interna de transformar nuestra propia realidad y de mantener la calma cuando todo alrededor parece caos.
En el día a día, es muy fácil perder de vista nuestro potencial. Nos enfocamos tanto en nuestras limitaciones, en los errores del pasado o en las tareas pendientes que terminamos ignorando la chispa de resiliencia que llevamos dentro. Creemos que necesitamos herramientas externas o la aprobación de otros para avanzar, cuando en realidad, la mayor herramienta ya reside en nuestro propio corazón y mente. El verdadero desafío no es adquirir poder, sino despertar la conciencia necesaria para darnos cuenta de que ya lo tenemos.
Recuerdo una vez que me sentía completamente abrumada por mis propios proyectos de escritura. Sentía que las palabras no fluían y que no era lo suficientemente capaz para ayudar a otros con mis mensajes. Estaba atrapada en la duda. Sin embargo, un pequeño momento de silencio y una respiración profunda me ayudaron a recordar que mi voz tiene un propósito. Al dejar de luchar contra mi inseguridad y empezar a confiar en mi capacidad de aprender y adaptarme, todo cambió. No es que el mundo fuera distinto, es que yo decidí reconocer mi propia fuerza para enfrentar el reto.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no tengas miedo de mirar hacia adentro. A veces, el mayor acto de valentía es simplemente confiar en que tienes lo necesario para superar el día de hoy. No necesitas ser perfecto, solo necesitas ser consciente de tu propio valor.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa. Cierra los ojos por un momento y piensa en una situación difícil que hayas superado en el pasado. Nota la fuerza que usaste para lograrlo. Ese poder sigue ahí, esperando a que lo reconozcas de nuevo.
