“Eres libre, eres poderoso, eres bueno, eres amor, tienes valor, tienes propósito; todo está bien”
Recordar nuestro valor y bondad inherentes es la base de todo empoderamiento genuino.
A veces, el ruido del mundo es tan fuerte que terminamos olvidando la melodía más importante: la nuestra. Esta hermosa frase de Ester Hicks no es solo un conjunto de palabras bonitas, es un recordatorio de nuestra esencia más pura. Cuando leemos que somos libres, poderosos y buenos, estamos intentando reconectar con esa verdad que a menudo queda sepulta bajo las dudas, los errores del pasado o las expectativas de los demás. Es como limpiar un cristal empañado para volver a ver la luz que siempre ha estado ahí.
En el día a día, es muy fácil sentirnos pequeños. Te levantas, revisas tu lista de pendientes, te enfrentas a un tráfico pesado o a un comentario crítico en el trabajo, y de repente, sientes que tu valor depende de cuánto lograste hacer hoy. Empezamos a creer que si no somos productivos, no somos valiosos. Pero la verdad es que tu valor es intrínseco; no necesitas ganar una medalla para merecer amor o respeto. Eres valioso simplemente por existir, por sentir y por ser parte de este gran tejido llamado vida.
Recuerdo una tarde en la que yo misma me sentía muy abrumada, como si el peso del mundo fuera demasiado para mis pequeñas alas. Me sentaba en mi rincón favorito, sintiendo que no tenía un propósito claro y que mis errores me definían. Entonces, empecé a repetir estas palabras como un mantra. Al decirme que soy amor y que todo está bien, el miedo empezó a disolverse. No es que los problemas desaparecieran mágicamente, pero mi perspectiva cambió. Dejé de luchar contra la corriente y empecé a confiar en que mi poder reside en mi capacidad de ser amable conmigo misma.
Te invito a que hoy, en un momento de silencio, cierres los ojos y dejes que cada una de estas afirmaciones penetre en tu corazón. No trates de forzar la sensación, solo permite que la idea de que eres suficiente repose en tu mente. Si hoy te sientes perdido, recuerda que tienes un propósito único que nadie más puede cumplir. Todo está bien, incluso en medio de la incertidumbre. ¿Qué pasaría si hoy te trataras con la misma bondad con la que tratas a un ser querido?
