La valentía importa más que la perfección
A veces, cuando miro el mundo a través de mis ojos de patito, me doy cuenta de lo mucho que nos esforzamos por ser impecables. La frase de Reshma Saujani, Enseña a las niñas valentía, no perfección, resuena en mi corazón como una melodina suave que nos pide soltar las cargas innecesarias. La perfección es una jaula de cristal, hermosa pero fría y limitante, mientras que la valentía es un campo abierto donde se permite el error, el tropiezo y, sobre todo, el aprendizaje. Cuando nos enfocamos solo en el resultado perfecto, dejamos de lado la magia del proceso y el coraje de intentarlo.
En nuestra vida cotidiana, esto se manifiesta de formas muy sutiles pero profundas. Vemos a pequeñas niñas que no quieren participar en un juego de gimnasia porque temen no aterrizar de forma elegante, o a estudiantes que prefieren no levantar la mano por miedo a decir algo incorrecto. Estamos, sin darnos cuenta, premiando el silencio seguro en lugar de la voz audaz. La perfección nos vuelve estáticas, nos hace escondernos para que nadie vea nuestras grietas, pero es precisamente en esas grietas donde la verdadera fuerza comienza a crecer.
Recuerdo una vez que vi a una pequeña intentar construir una torre de bloques muy alta. Cada vez que un bloque se movía ligeramente fuera de su lugar, ella suspiraba con frustración y quería rendirse, con los ojos llenos de esa tristeza que da el no ser perfecta. Me acerqué y le recordé que los errores son como pequeñas semillas de sabiduría. Poco a poco, dejó de preocuparse por si la torre se veía recta y empezó a disfrutar de la emoción de colocar cada pieza, riendo incluso cuando la torre se derrumbaba. En ese momento, no estaba buscando la perfección, estaba practicando la valentía de seguir construyendo.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy mismo cambies el enfoque. Si tienes una hija, una hermana o incluso si te hablas a ti misma con dureza, intenta celebrar el intento más que el resultado. La próxima vez que algo no salga como planeaste, no lo veas como un fracaso, sino como una prueba de que tuviste el valor de salir de tu zona de confort. ¿Qué pasaría si hoy te permitieras ser un poco menos perfecta y mucho más valiente?
