A veces pensamos que ser valientes significa no tener miedo, o que el coraje es esa chispa de fuego que nos hace sentir invencibles. Pero la verdad es mucho más profunda y, a la vez, más humana. Como bien dice Rollo May, el coraje no es la ausencia de desesperación, sino la capacidad de seguir adelante a pesar de ella. Esta frase me llega al corazón porque nos quita la presión de tener que estar siempre fuertes. Nos permite aceptar que está bien sentirse perdidos, tristes o sin fuerzas, siempre y cuando no nos quedemos estancados en ese lugar oscuro.
En el día a día, la desesperación puede aparecer de muchas formas. Puede ser ese nudo en la garganta cuando un proyecto en el que pusiste todo tu esfuerzo no sale como esperabas, o el silencio pesado que queda después de una pérdida importante. La vida no se detiene porque nos sintamos derrotados, y esa es la parte difícil. Lo que hace que la valentía sea real no es la falta de lágrimas, sino el pequeño y titubeante paso que damos cuando el mundo parece haberse detenido. Es esa decisión de levantarse, aunque las piernas nos tiemblen.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada, como si todas mis pequeñas tareas diarias fueran montañas imposibles de escalar. Sentía una especie de desesperanza silenciosa, pensando que nada de lo que hiciera cambiaría mi estado de ánimo. En esos días, no buscaba grandes hazañas heroicas; solo buscaba la fuerza para preparar una taza de té o para escribir una nota amable. Ese pequeño acto de cuidar de mí misma, en medio de la tristeza, era mi forma de aplicar la sabiduría de May. Era avanzar, un centímetro a la vez, a pesar de la sombra que me acompañaba.
No necesitas tener todas las respuestas hoy, ni necesitas sentirte optimista para ser valiente. Si hoy lo único que has logrado es respirar y resistir, quiero que sepas que eso ya es un acto de coraje inmenso. No te castigues por sentir desesperación; simplemente trata de no dejar que sea el único pasajero en tu viaje. A veces, avanzar significa simplemente mantener la luz encendida, aunque sea una llama muy pequeña.
Hoy te invito a que te mires con mucha compasión. Si estás pasando por un momento gris, no te exijas una sonrisa falsa. En lugar de eso, pregúntate qué pequeño paso, por minúsculo que sea, podrías dar hoy para seguir moviéndote hacia adelante. Solo un paso es suficiente para demostrarte que tu espíritu sigue presente.
