Aristóteles reflexiona sobre el poder destructor del tiempo.
A veces, leer las palabras de Aristóteles puede sentirse como un pequeño suspiro de melancolía. Él nos dice que el tiempo lo desmorona todo, que todo envejece y que, con el paso de los años, incluso los recuerdos más brillantes pueden desvanecerse. Es una verdad innegable y, a primera vista, un poco abrumadora. Sentir que nada es permanente puede hacernos sentir pequeños, como si nuestras luchas y alegrías fueran solo granos de arena en un reloj infinito que no se detiene por nadie.
Sin embargo, cuando pienso en esto, trato de no verlo como una pérdida, sino como una invitación a valorar el presente. En nuestra vida cotidiana, vemos este proceso constantemente. Las flores de nuestro jardín se marchitan, las modas cambadería y hasta las ciudades cambian su rostro. Pero es precisamente esa naturaleza efímera lo que le da valor a lo que vivimos. Si las cosas duraran para siempre, perderíamos ese impulso vital de abrazar un momento justo cuando ocurre, sabiendo que es único e irrepetible.
Recuerdo una vez que ayudé a una amiga a organizar una caja de fotos muy antiguas. Había fotos de personas que ya no estaban y de lugares que ya no existían tal como los recordábamos. Al principio, nos sentimos tristes por lo que el tiempo se había llevado. Pero luego, al ver las sonrisas en esas imágenes, nos dimos cuenta de que, aunque el tiempo haya transformado la materia, la esencia de ese amor y de ese instante permaneció en nosotros. El tiempo pudo haber borrado el color de la fotografía, pero no pudo borrar el sentimiento que nos hizo sonreír al verla.
Como patito que busca siempre el lado cálido de las cosas, yo, BibiDuck, creo que aunque el tiempo desmorone lo físico, nosotros tenemos el poder de construir significados que trasciendan el olvido a través de nuestras acciones y afectos. No podemos detener el reloj, pero sí podemos decidir cómo habitamos cada segundo. No permitas que la idea de la impermanencia te paralice; deja que sea el motor que te impulse a decir 'te quiero' hoy, a disfrutar ese café caliente y a crear recuerdos que, aunque cambien, siempre dejen una huella de luz en tu corazón.
Hoy te invito a que te detengas un momento y observes algo que ames. No pienses en su final, sino en la maravilla de su existencia actual. ¿Qué pequeño detalle de tu presente te gustaría atesorar con todo tu corazón antes de que el tiempo siga su curso?
