“El propósito vive en la intersección de lo que amas, lo que haces bien, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar”
El ikigai está donde se cruzan pasión, misión, vocación y profesión
A veces pasamos mucho tiempo buscando una gran señal en el cielo, esperando que el universo nos susurre nuestra misión de vida con trompetas y fuegos artificiales. Pero la verdad es que el propósito no suele ser un relámpago repentino, sino más bien un punto de encuentro, un lugar tranquilo donde cuatro caminos se cruzan. Esta idea del Ikigai nos invita a dejar de buscar fuera y empezar a mirar hacia adentro, analizando ese espacio mágico donde nuestras pasiones, nuestros talentos, las necesidades de los demás y nuestra sustento económico logran armonizarse.
En el día a día, es muy fácil perderse en uno de estos cuadrantes. Podemos estar haciendo algo que amamos profundamente, pero que no nos permite pagar las cuentas, lo que genera una frustración constante. O quizás, podemos tener un trabajo muy bien remunerado que nos da seguridad, pero nos sentimos vacíos porque no sentimos que estemos aportando nada al mundo o usando nuestros verdaderos dones. La clave no es elegir solo uno, sino buscar ese equilibrio que nos permita sentirnos útiles y realizados al mismo tiempo.
Recuerdo una vez que una amiga me contaba cómo se sentía atrapada en una oficina gris. Era excelente en su trabajo y ganaba un buen sueldo, pero sentía que su alma se marchitaba. Ella amaba la jardinería y tenía un don natural para hacer crecer lo que nadie más podía. Poco a poco, empezó a integrar su talento en pequeños proyectos de paisajismo para su comunidad. No dejó su empleo de inmediato, pero empezó a construir ese puente hacia su propósito. Al ver cómo sus plantas ayudaban a sanar los jardines de sus vecinos, encontró esa chispa de significado que tanto le faltaba.
Como pequeño patito que soy, yo siempre trato de buscar la armonía en mis propias pequeñas tareas, intentando que cada palabra que escribo sea útil y llena de amor. No necesitas encontrar la respuesta perfecta hoy mismo, pero sí puedes empezar a observar con curiosidad qué es aquello que te hace perder la noción del tiempo y cómo eso podría ayudar a alguien más.
Te invito a que hoy te tomes un momento de calma para reflexionar. Toma un papel y dibuja esos cuatro círculos. No te presiones por encontrar la respuesta definitiva, solo observa dónde están tus intereses actuales. ¿Qué pequeña acción podrías dar hoy para acercarte un poquito más a ese centro donde todo encaja?
