A veces siento que caminamos por la vida con los ojos entrecerrados, como si estuviéramos demasiado ocupados revisando nuestra lista de pendientes o preocupándonos por el mañana como para notar lo que tenemos justo delante. La hermosa frase de Yeats nos recuerda que la magia no es algo que deba ser inventado o buscado en tierras lejanas, sino algo que ya está aquí, presente en cada rincón, esperando simplemente a que aprendamos a prestarle atención. La magia es esa capacidad de asombro que todos poseemos, pero que a menudo queda sepultada bajo el ruido de la rutina diaria.
En nuestro día a día, es muy fácil pasar por alto los pequeños milagros. Nos enfocamos tanto en llegar a la meta que olvidamos disfrutar el paisaje. El problema no es que el mundo se haya vuelto gris o aburrido, sino que nuestros sentidos se han vuelto un poco perezosos. Hemos acostumbrado nuestra vista a las pantallas y nuestro oído al bullicio constante, olvidando la delicadeza del susurro del viento o el aroma de la tierra mojada después de una lluvia inesperada. Aprender a agudizar nuestros sentidos es, en esencia, aprender a vivir con mayor consciencia.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis propios pensamientos. Estaba sentada en un parque, sintiendo que nada interesante sucedía en mi pequeño mundo. De repente, decidí hacer un pequeño ejercicio: me quedé muy quieta y traté de escuchar solo los sonidos más sutiles. Empecé a notar el ritmo de las hojas moviéndose, el zumbido de una abeja trabajando y el canto lejano de un ave que nunca antes había escuchado. En ese momento, el mundo se transformó. La magia no apareció de la nada, simplemente estaba allí, esperando a que yo bajara el volumen de mi mente para poder percibirla.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy mismo hagas una pausa. No necesitas hacer grandes viajes ni buscar grandes hazañas para encontrar lo extraordinario. Intenta mirar una flor con verdadera curiosidad, o siente la temperatura del aire en tu piel con total presencia. Te animo a que hoy te permitas ser un observador atento de tu propia existencia. Te aseguro que, si te detienes a mirar con el corazón abierto, descubrirás que la magia siempre ha estado esperando por ti.
