A veces, la vida se siente como esa vieja puerta de malla de la que habla Shel Silverstein. Todos hemos experimentado ese momento en el que cerramos una puerta con demasiada fuerza, ya sea una discusión con un ser querido o un mal día en el trabajo que nos hace golpear el mundo con amargura. El estruendo de un portazo puede ser ensordecedor y dejar un eco de tensión en el aire por mucho tiempo. La frase nos recuerda que, aunque tenemos el poder de crear caos con nuestra brusquedad, siempre conservamos la capacidad de elegir la suavidad.
En nuestro día a día, esto se traduce en los pequeños gestos que parecen insignificantes pero que lo cambian todo. Podemos elegir responder a un comentario sarcástico con un suspiro de irritación, o podemos optar por una palabra amable que calme la tormenta. La amabilidad no es una debilidad, sino una fuerza deliberada que decide no dejar que el ruido del impacto defina el resto de nuestra jornada. Es esa elección consciente de no dejar que la puerta se cierre con un golpe seco que lastime a quienes están del otro lado.
Recuerdo una vez que yo misma, en un momento de mucho estrés, le hablé de forma muy cortante a un amigo que solo intentaba ayudarme. El silencio que siguió fue tan pesado como un portazo metálico. Me sentí mal, no por lo que dije, sino por la energía de dureza que había proyectado. Al final, tuve que respirar profundo y volver a acercarme, esta vez con la delicadeza que la situación merecía. Fue un pequeño acto de suavidad, pero fue lo único que pudo abrir de nuevo la comunicación entre nosotros.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no importa cuántas veces hayas cerrado puertas con fuerza en el pasado. Lo hermoso de la amabilidad es que siempre ofrece una nueva oportunidad para abrir la puerta con ternura. No tienes que ser perfecto, solo tienes que intentar que tus próximos encuentros sean más ligeros y menos ruidosos. Hoy, te invito a que te detengas un momento y pienses en una persona con la que hayas sido un poco brusco y busques la manera de acercarte con esa suavidad que sana.
