Esta frase de Kobayashi Issa tiene una belleza tan melancólica pero profunda que a veces me deja sin palabras. El mundo del rocío es un mundo efímero, algo que brilla intensamente por un instante bajo la luz de la mañana y luego desaparece sin dejar rastro cuando el sol calienta la tierra. Ese 'y sin embargo' es donde reside toda la magia y el dolor de la existencia. Es el reconocimiento de que, aunque sabemos que nada es permanente, nuestro corazón sigue aferráantlye a la belleza, al amor y a los momentos que sabemos que se van a terminar.
En nuestro día a día, solemos vivir intentando ignorar esa impermanencia. Nos esforzamos por construir muros de estabilidad, pero la vida siempre encuentra una forma de recordarnos que todo fluye. A veces nos sentimos tristes porque sabemos que una etapa está terminando, o porque vemos cómo las estaciones cambian y las flores se marchitan. Pero la verdadera sabiduría no está en evitar el cambio, sino en aprender a habitar ese espacio de incertidumbre donde la belleza y la pérdida bailan juntas.
Recuerdo una tarde en la que me senté en el jardín a observar cómo las gotas de agua resbalaban por las hojas de las rosas. Me sentí un poco triste pensando en lo rápido que pasa el tiempo y en cómo los momentos felices parecen escaparse entre los dedos. Estaba sumida en ese sentimiento de pérdida anticipada, hasta que me di cuenta de que si no valorara la frescura del rocío justo ahora, no habría sentido alguno en mi vida. El hecho de que la gota desaparezca no le quita su brillo mientras está presente; al contrario, es su brevedad lo que la hace tan preciosa.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a abrazar ese 'y sin embargo'. No permitas que el miedo a la pérdida te impida disfrutar de la maravilla de lo que tienes hoy. La vida es frágil, sí, pero es precisamente esa fragilidad la que nos invita a amar con más fuerza y a observar cada detalle con asombro. No te cierres al mundo por miedo a su naturaleza pasajera.
Hoy, te animo a que busques un pequeño momento de belleza en tu rutina, algo que sepas que es efímero, y simplemente lo observes. Respira hondo y permite que ese instante te llene el alma, aceptando que aunque el rocío se evapore, el haberlo visto brillar ya ha dejado una huella eterna en ti.
