A veces, nos detenemos ante la idea de cometer un error como si fuera un muro infranqueable. Miramos esa frase de Edward John Phelps y sentimos un pequeño escalofrío, porque nos recuerda que la perfección es, en realidad, una forma de estancamiento. Cuando buscamos no fallar nunca, estamos, sin darnos cuenta, cerrando la puerta a todas las posibilidades de crecimiento. El error no es el opuesto al éxito, sino el ingrediente necesario para que algo nuevo pueda nacer y transformarse.
En nuestro día a día, esto se traduce en ese miedo constante a intentar una nueva receta, a proponer una idea en el trabajo o a iniciar una conversación con alguien especial. Nos quedamos en la zona de confort, repitiendo siempre lo mismo porque ya sabemos que no nos equivocaremos. Pero, ¿qué estamos creando realmente? Si nuestra vida es un lienzo donde solo usamos los colores que ya conocemos y nunca nos arriesgamos a que una pincelada se salga del borde, el resultado será siempre una imagen plana, sin profundidad ni alma.
Recuerdo una vez que intenté ayudar a un amigo a arreglar un viejo jardín. Estaba tan obsesionado con que cada planta quedara en el lugar perfecto que me quedé paralizado, mirando solo las instrucciones. Al final, no plantamos nada. El jardín seguía igual de vacío que antes. Fue entonces cuando comprendí que es preferible tener un jardín con algunas flores fuera de lugar que un espacio vacío por miedo a la imperfección. Los errores en el jardín fueron lo que finalmente le dieron vida y carácter a ese pequeño rincón.
Yo, como tu amiga BibiDuck, siempre te diré que no tengas miedo de mancharte las patas de barro o de perder el rumbo por un momento. Cada tropiezo es una lección disfrazada de dificultad. Si no te permites fallar, te estás negando la oportunidad de descubrir de qué eres capaz realmente. La magia ocurre precisamente en ese espacio donde la incertidumbre y el intento conviven.
Hoy te invito a que busques algo que hayas estado postergando por miedo a no hacerlo bien. Lánzate, intenta, equivócate y, sobre todo, crea algo. No importa si el resultado no es perfecto, lo que importa es que hoy has decidido dejar de ser una espectadora para convertirte en la autora de tu propia aventura.
